Opinión

Lecturas de verano

AL PASO

Juan José Solozábal | Martes 09 de septiembre de 2025

Necesariamente este verano ha tenido que ser un tiempo de lecturas.En Sondica, que apenas está a una decena de kilómetros de Algorta, hubo días en Agosto en que el termómetro marcó 43 grados: los paseos se restringieron a horas del atardecer y ni me atreví a visitar San Sebastián. El caso es que saqué tiempo para enfrentarme con el libro de Santiago Muñoz Machado, De la Democracia en Hispanoamérica, que tiene mil páginas; y asimismo acercarme al ensayo sobre el Quijote de Antonio Muñoz Molina,El verano de Cervantes.

I-El libro de Muñoz Machado sobre cuyas pretensiones da alguna idea el propio título, que evoca el ensayo de Tocqueville, aunque la perspectiva de Muñoz Machado no es la del ensayo sociológico; y el que se utilice para referirse a nuestra América, una denominación que usaba por cierto el bilbaíno don José Miguel de Azaola, propia asimismo de los hispanistas ingleses como Elliott, esto es, Hispanoamérica. Esta perspectiva española es indispensable para entender el libro de Muñoz Machado, formidable no solo en su extensión, pues lo que ofrece es más que un relato ordenado y completo del pasado próximo constitucional de Hispanoamérica, desde los tiempos de la independencia, así presentando páginas bien atinadas sobre el diseño institucional del antiguo régimen, comparando el imperialismo inglés con el modelo de gobierno español. Sin duda ya después de la independencia, la historia de la construcción de los estados americanos, en su mayoría ideados sobre la falsilla de la democracia constitucional, remite a un patrón español, más que inspirado en el sistema de los Estados Unidos . Leyendo a Muñoz Machado uno no puede olvidar la explicación de la debilidad del modelo democrático de Galdos en España: muchas constituciones, pero poco constitucionalismo: esto es, ordenaciones meramente propuestas, pero en la realidad ignoradas: constitucionalismo evocado o de fachada, instrumento del autoritarismo al fin. El régimen político, nos dice Muñoz Machado, era ordenado teóricamente por un texto constitucional, pero, en la práctica, el Estado funcionaba a base de golpes y contragolpes ejecutados por jefes militares que encabezaban facciones del ejército.

También Muñoz Machado en el caso americano concede como Galdos una influencia decisiva a la preponderancia militar resultado negativo de la crisis bélica de la independencia, al estimular respuestas personalistas (caudillismo) y violentas a las crisis civiles. . “La guerra de la independencia fue la gran academia del desorden donde los españoles cursaron la ciencia de la insurrección” (Juan Martin el empecinado, V).

La inestabilidad constitucional fue una constante en todo el siglo xix y el XX, y lo que hay en el libro es, decía, un relato ordenado y completo de sus manifestaciones, así ocurre con el porfiriato mejicano, la crisis peronista en Argentina o la revolución cubana. Las dificultades políticas quedaban sobreprimadas por la defectuosa condición del punto de partida: estados nacionales de soberanías fragmentadas, y territorios y población imprecisos. Había que fijar las fronteras y atender a la necesidad de unificar, hasta cierto punto al menos, la variedad de la población gobernada, siempre con deficientes medios-especialmente pensando en la administración y el ejército.

Pero el libro de Muñoz Machado es especialmente interesante en relación cono los desarrollos del nuevo constitucionalismo americano, que sigue a la Constitución colombiana de 1991, así las Constituciones de Venezuela de 1999, Ecuador de 2008 y Bolivia de 2009. Se trata de constituciones detalladas hasta el extremo, directamente normativas. Están concebidas como panaceas a los problemas políticos de la comunidad y llamadas a operar como un trampantojo o señuelo del autoritarismo. Según Allan Brewer, constitucionalista venezolano citado por Muñoz Machado, estas constituciones están concebidas para “el autoritarismo, el paternalismo estatal, el populismo y el estatismo insolvente”, de modo que, dice Santiago Muñoz Machado, dichos documentos políticos pueden convertirse en una envoltura engañosa de las nuevas dictaduras. Pero nuestro autor no ve con malos ojos que este constitucionalismo, que no entiende las declaraciones de derechos de modo excluyente (así, la Constitución boliviana, establece en su artículo 13. II que «Los derechos que proclama esta Constitución no serán entendidos como negación de otros no enunciados»), y no admite la reforma ordinaria constitucional, sino el ejercicio revolucionario, ya consumado, del poder constituyente, se abra a nuevas realidades jurídicas, reconociendo derechos de la naturaleza y derechos singulares a los pueblos indígenas . “El mayor cambio de paradigma que resulta del nuevo constitucionalismo hispanoamericano creo que puede atribuirse a esta materia del reconocimiento de derechos de los pueblos originarios”, afirma el profesor Santiago Muñoz Machado.

II-Decía al principio que me había acercado, nada más que esto de momento, en el verano al libro de Antonio Muñoz Molina sobre Cervantes. Cervantes, al que Muñoz Machado ha dedicado también un libro asombroso recientemente, es una referencia inevitable para mí, cuyo Quijote leo y releo constantemente seguramente con menos provecho que mi admirado Muñoz Molina pero con igual pasión, en el sentido de afición desordenada, aunque a veces el escritor jienense se atreve con el ingenioso hidalgo, denunciando su irritabilidad, violencia o arbitrariedad, cosa que yo no osaría. El Quijote, como sabe el lector, es para mí un ejemplo de protonacionacionalismo, que advirtió a la vez la existencia de la Nación española como estructura política indefectible, en cuanto espacio territorial de solidaridad, que habría dicho Francisco Rubio, y entendió perfectamente su variedad constitutiva: españoles de todas procedencias pueblan sus páginas: asturianos, vizcaínos, castellanos, manchegos… Pero a España se debe la lealtad primera y más alta. De otra parte, en el Quijote quedan formulados algunos estándares imprescindibles de ética individual que tengo por sagrados: responder a lo que se espera de nosotros y comportarse en la vida con maneras corteses pero valientes…