Las encuestas sobre las elecciones generales presentan siempre incógnitas y dudas. Suelen ser indicativas y orientan sobre la evolución de la opinión pública. Se enfrentan a veces con un problema casi insalvable: el censo. En los últimos cuatro años, por ejemplo, España ha pasado de 47 millones de habitantes a casi 50. Ese crecimiento está formado en parte sustancial por inmigrantes nacionalizados. El sanchismo que ha impulsado esta operación sabe muy bien lo que ha hecho. Los inmigrantes nacionalizados, defendidos por el Gobierno sanchista, pagados en ocasiones de forma generosa, cabe presumir que votarán en una dirección determinada. Y las encuestas encuentran dificultades insalvables para tener en cuenta, al explorar el voto, este sector desconocido.
Aún así, el entorno de Moncloa ha temblado al leer en el diario La Razón la encuesta NC Report, que hace siempre sondeos muy serios y responsables. En el último, realizado durante este mes de septiembre, el Partido Popular se instala en una horquilla de 154 a 156 escaños. Por su parte, Vox continúa escalando porcentajes y NC Report sitúa al partido de Abascal entre 48 y 50 escaños.
Es decir, la suma del Partido Popular y Vox podría encaramarse en los 206 escaños, muy cerca incluso de la posibilidad de abordar reformas constitucionales de alcance. Se comprende el pasmo y la preocupación de Pedro Sánchez y sus socialistas que se quedan entre los 103 y los 105 escaños. Y la veintena de partidos que le apoyan están casi todos en un retroceso notable.
Naturalmente, lo peor que podrían hacer los agradaores de Feijóo es echar las campanas al vuelo. Pedro Sánchez va a luchar como una pantera de Java para no perder las próximas elecciones. Y al margen de otras partidas, está ya trabajando sobre el censo y el voto por correo. En Génova no se puede, no se debe bajar la guardia. Pedro Sánchez ha demostrado en más de una ocasión salir adelante en elecciones que tenía perdidas.