Opinión

Cosa de huevos

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 10 de septiembre de 2025

En el ser humano hay cosas que vienen de serie. Misterios que la ciencia atribuye a los algoritmos del cuerpo humano y a las investigaciones habidas hasta la fecha. Ya saben, eso de la combinación de cromosomas entre óvulos y espermatozoides. De tal manera que el niño o la niña vienen al mundo con sus “cositas”. Salvo buen fin, nada que sorprenda. Sin embargo, existe una variante, quizás atribuible a la ruptura de la cadena de frío, que motiva la llegada al mundo de los especímenes políticos. No todos, pero hay casos que ponen en duda a la especie humana y dan al traste con la ciencia antropológica.

Mi amigo Cartapacio, por ejemplo y por suerte, no vino al mundo como político; es más, su tía Sabina nada más verle exclamó: ¡Este niño parece un cangrejo cocido! Temió lo peor: ¡A lo mejor he nacido en un cocedero de marisco! —se dijo. Nada de eso, enseguida la comadrona dio el parte oficial: ¡Es un niño, con su pitorrin y sus dos baby balls! Aquello le dejó más tranquilo. Les cuento esto y no sé bien el porqué, pero es que la actual señora ministra de Igualdad, doña Ana Redondo, se ha gastado cerca de dos millones de euros en una campaña institucional sobre masculinidades. La idea es, según ella: “Resignificar lo que es una expresión de fuerza, de dominación, de violencia o de testosterona irracional o de testosterona rancia”. Es decir, que la cosa va de testículos como si eso fuera una repentina mutación de la masculinidad, nunca antes tenida en cuenta.

La campaña bautizada ‘Por huevos’, con el actor Paco León como protagonista, aboga por una reciedumbre más libre, más diversa y más feminista; pretende cambiar lo que significa tener huevos. ‘Por huevos’ no tiene otra finalidad que dar una nueva interpretación, una nueva visión, un nuevo sentido, a la manera de utilizar el gesto —estilo Rubiales, en lo gráfico, por ejemplo— o en lo verbal: ¡por mis cojo***!, muy de algunos portadores de estas reliquias. Cuando se nace varón, igual que te instalan el cerebro, te incluyen dos testículos como si fueras el icónico toro de Osborne, que no es optativo, como bien pueden ser los extras de un nuevo vehículo a la hora de comprarlo. Otra cosa es saber llevarlos con hombría, pero con decoro y gallardía.

“Tenemos que cambiar la manera de tener huevos”, argumenta el anuncio. La señora ministra, no niego que lo haga con la mejor de sus voluntades, debe comprender que lo del hueverío es una zona entre ‘prohibido el paso’ y ‘pase sin llamar’, según la demanda. Desconozco si la intrepidez de la campaña contiene indicios destinados a la poda de bajura en caso de que la entrepierna masculina se rebele ante la norma. Lo digo porque en la rueda de prensa la ministra se ha dirigido a los jóvenes, confesando estar muy preocupada porque las encuestas señalan que cada vez apoyan menos las iniciativas de igualdad. De ahí a un desmoche puede ser lo siguiente. A este gobierno todo se le hace poco.

¡Caramba, señora Redondo! El tema se puede plantear bajo un lema menos hiriente, que se está tratando de zonas limítrofes entre el dolor y la incapacidad contributiva de cada cual; de manera que enseñar a los hombres lo que significa tener huevos, cada uno en su serie o segmento, parece más un taller de formación para que las partes blandas se arrepientan de formar parte del género masculino.

Apruebo que la campaña sirva para que el hueverío no sea mal gestionado por quienes lo utilizan como arma arrojadiza frente al sexo contrario. Lo que sucede es que en este país, por huevos u ovarios, se han conseguido muchas hazañas por tierra, mar y aire, y eso, señora ministra, forma parte de la corajuda manera de sacar lo mejor de cada cual cuando se aprietan los machos, sean o hayan sido bizarros o bizarras los protagonistas de la gesta.

Mi obligación es tomarme en serio el mensaje de la campaña institucional, faltaría más; ahora bien, para el papel de la campaña hubiera escogido a Santiago Segura. Un crack, un genio del humor absurdo, aunque dudo que se prestase a tan ridículo papel.

Lo de “Tenemos que cambiar la manera de tener huevos”, sugiero que se lo digan a la Legión Española y luego, si eso, pues ya veremos. Señora ministra, lo primero es educar a ciertos actores del gobierno que usted representa, tan sueltos de bragueta en ambientes puteriles y otras sexualidades alternativas. Pedagogía desde arriba, señoría, que la igualdad se mide por la educación y el respeto, y si los de arriba abren el portón del vicio, mal ejemplo como oficio.

Manda huevos.