Cultura

Crónica taurina | Albacete: un broche de oro para la feria

(Foto: Efe).

TOROS

Inés Montano | Jueves 18 de septiembre de 2025

Si no hay orejas o un indulto parece que la tarde ha pasado en vano. Esa creencia se ha desparramado por todas las plazas y entre todos los públicos. Es más fácil decir que has asistido una tarde de 5 o más trofeos cortados que explicar por qué una tarde fue importante sin que nadie paseara un sólo trofeo. La tarde de Albacete tuvo muchos detalles, entre los cuales, hubo un par de banderillas de Juan Carlos Rey quien aguantó al morlaco que le esperaba. Un canto a la valentía y precisión. Otro de Víctor del Pozo muy expuesto y profesional. Los seis de Victorino Martín fueron unos toros de hechuras armoniosas, despiertos y astutos, unos toros que vale la pena de torear porque todavía guardar el fondo de autenticidad.

Bolsico (1º 12/19) salió al ruedo, se paró en seco y empezó un estudio detallado del albero, de la plaza y cualquiera que se le ponía delante. En vez de lanzarse, se reculaba y hociqueaba todo. Derribó al picador y complicó la puesta de rehiletes. El animal complicado para abarcar con la muleta, se volvió imposible para torear cuando Rubén Pinar optó por la brusquedad en el toque: el enemigo se receló del grito y de la violenta sacudida de la pañosa. La muerte llegó al segundo intento. Algo parecido le sucedió a Mecatero (4º12/20), un ejemplar muy bien armado, de mejor talante que su compañero del lote. Sin embargo, la faena no cuajó por la brusquedad: los primeros muletazos se dejaba llevar, pero se receló mucho al oír al diestro gritar en cada toque al citar. Como diría, Ruiz Miguel, con estos toros si vas por buenas algo puedes conseguir, pero si vas por las malas no hay faena.

David Galván abordó a Fisgón (2º 1/21) con el primer capotazo cargando la suerte. La faena iba como la seda: Galván descifró el temple de su contrario y dio una dimensión estética, quizá no esperada, a este encuentro. La espada quedó muy trasera dejando sin remate una obra de peso. Cobradiezmos (5º12/20) fue otro bicharraco de cuidado. Un toro pensativo para mal, indeciso, le costó un buen rato entrar al caballo. No humilló ni un momento. Galván con la muleta en la mano puso sus cinco sentido en buscar el sitio donde el toro se preste a embestir. Sin embargo, todo se quedó en una batalla con el marrajo impredecible, que de pronto hacía el hilo o de repente se quedaba quieto y mirón. La espada a la primera hasta los gavilanes.

Ginés Marín y Vengador (3º 2/20) no se entendieron: el animal embestía y el diestro le cortaba la embestida perdiendo pasos. Así, el toro se malició, empezó a quedar parado y peligroso. La estocada fulminante en un rincón de Ordoñez. Minueto (6º12/19) fue mal picado por Guillermo Marín. Iba desangrándose por el ruedo, aún así la faena de Ginés merece una alabanza. El toro crecía en peligro a medida que perdía su fuerza, y el diestro supo buscar la respuesta ahí en el ruedo y, por fin, dejó su toreo mecánico de tantas tardes y abordó con endereza al toro que le tocó en suerte. Fue un enfrentamiento de poder a poder a ganarlo o perderlo todo. La espada le privó de trofeos.

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