El pasado 13 de septiembre tuvo lugar en Londres una manifestación a la que acudieron más de 100 000 personas convocadas por el nacionalista Tommy Robinson (1982) bajo el lema «Unite the Kingdom» (Unid el Reino). Desde las inmediaciones de la estación Waterloo hasta Whitehall y Parliament Square, entre 110 000 y 150 000 personas, según datos de la Policía Metropolitana de Londres, marcharon con banderas británicas, inglesas y de los demás territorios del Reino Unido así como con cruces de madera y pancartas. Al terminar, hablaron destacadas figuras del activismo nacionalista británico como el actor Laurence Fox (1978), el veterano de guerra Ant Middleton (1980), la presentadora Katie Hopkins (1975) y el empresario Ben Habib (1965). Elon Musk envió un vídeo de apoyo y hubo un homenaje al activista Charlie Kirk, asesinado el 10 de septiembre mientras intervenía en un acto público en la Universidad del Valle de Utah.
Las autoridades desplegaron unos 1 000 agentes de policía y hubo enfrentamientos de los manifestantes tanto con ellos como con los asistentes a la contramanifestación «March Against Fascism» (Marcha contra el Fascismo) convocada por la plataforma Stand Up against Fascism, a la que acudieron unas 5 000 personas. Se practicaron más de 20 detenciones y 26 agentes terminaron heridos, 4 de ellos de cierta consideración, según la Policía londinense.
La manifestación se convocó como un gran "festival de la libertad de expresión" en un contexto de creciente persecución de lo que las autoridades británicas han considerado discurso de odio como las críticas a la inmigración masiva, la islamización del país y la reivindicación de la identidad cristiana del Reino Unido. La marcha del pasado 13 de septiembre prolonga el ciclo de protestas que se vienen dando en el Reino Unido desde el año pasado. Así, desde que el joven de 17 años Axel Rudakubana -nacido en Cardiff, Gales, de padre ruandeses- matase el 29 de julio de 2024 a puñaladas a tres niñas de 6, 7 y 9 años e hiriese a otros ochos niños y a dos adultos en un estudio de danza infantil en Southport, las concentraciones y marchas de protesta contra la inmigración, la islamización y la pérdida de identidad nacional se han ido sucediendo en todo el país. Aquel verano ya hubo protestas en más de 20 ciudades del Reino Unido. Desde abril de este año, el ciclo se ha retomado y han sido frecuentes las concentraciones delante de los hoteles en que se aloja a los inmigrantes ilegales que llegan al país.
Desde abril de 2025 Tommy Robinson es el líder de Advance UK. Se trata del antiguo partido denominado Integrity Party, que pretende superar por la derecha a Reform UK, la formación de Nigel Farage. Reform UK lidera a la oposición, crece en las encuestas -entre el 30 y el 35 % en intención de voto- y acoge a los diputados que abandonan el partido conservador. Ambas formaciones compiten por capitalizar el creciente descontento por la inmigración, la islamización, la crisis económica y la «wokización» del país, que se ha intensificado desde la llegada de Keith Starmer a Downing Street en julio de 2024. Esto explicaría la distancia que Reform UK ha mantenido en torno a la manifestación Unite the Kingdom. Sin llegar a condenarla, los líderes de Reform, empezando por Farage, han guardado un sonoro silencio.
La tensión política en el Reino Unido está creciendo. Son numerosas las detenciones practicadas por mensajes pretendidamente racistas o xenófobos compartidos en redes sociales. Según datos recopilados por la Free Speech Union, provenientes de 37 cuerpos policiales del país, en 2023 hubo como mínimo 12 183 detenciones por mensajes en distintas plataformas. La mayoría de ellas no terminó en condenas, pero sí han creado un clima de miedo y censura. Las autoridades británicas han advertido de acciones de influencia y desinformación en el marco de las protestas.
Marchas como la del pasado 13 de septiembre representan que la censura y la persecución penal y policial no van a bastar para acallar el descontento de las clases populares en el Reino Unido. Las políticas de inmigración que los gobiernos conservadores y laboristas han compartido han conducido a una verdadera fractura social en el país. En Londres y otras ciudades británicas la islamización resulta ya evidente y la alienación cultural que la acompaña ha llevado a la reivindicación de símbolos nacionales como la bandera inglesa, con la Cruz de San Jorge, y la Union Jack. La inmigración masiva -tanto legal como ilegal- sostenida durante décadas ha traído de nuevo al recuerdo las palabras de Enoch Powell (1912-1998) y su famoso discurso de los «ríos de sangre» (1968), que de alguna manera predecía al fracaso del multiculturalismo en el Reino Unido. En expresiones como «recuperar nuestro país» resuenan ecos de la retórica del político conservador cuyo discurso suscitó, ya en 1968, el apoyo de más del 70% de los trabajadores según encuestas de Gallup.
En efecto, la gran oposición a la inmigración masiva, la islamización, la alienación cultural y el empobrecimiento no provienen de las clases altas de la sociedad, que por lo general no sufren problemas como el colapso de los servicios públicos, el deterioro de los barrios o la inseguridad, sino de las clases populares, los perdedores de la globalización, que sufren en sus propias carnes las consecuencias de las políticas compartidas por conservadores y laboristas.
Todo parece indicar que este descontento, lejos de desaparecer, irá en aumento.