El Barcelona sumó este jueves otro triunfo de valor en LaLiga. Viajó a Oviedo y se midió a un conjunto recién ascendido que pelea desde el orden y la intensidad. Todavía no han logrado los asturianos tomar el pulso a Primera (un triunfo en seis jornadas, dos goles a favor y 11 en contra), pero su entrega y pasión siempre están presente. Con esas armas trataron de plantar cara al vigente campeón, en un partido que hacía 24 años que no jugaban, y lograron adelantarse en el marcador. Sin embargo, su resistencia se iría diluyendo a medida que el cansancio y la fluidez catalana ganaron terreno. Al final, 1-3 para el favorito que permitió, incluso, el ansiado regreso de Marc Bernal.
Hansi Flick intentó repartir descanso esta noche. Dio un respiro a nombres como Frenkie de Jong, Jules Koundé y Robert Lewandowski de inicio, aunque éste fuera el cuarto duelo que juegan sin el lesionado Lamine Yamal. Hasta en esa tesitura confía el técnico germano en su plantilla y otorga la alternativa a los secundarios que tan bien rindieron el pasado curso. Eric García volvió al lateral diestro, Gerard Martín al izquierdo y Marc Casadó, al eje. Todos ellos arrancaron la cita con fluidez en la circulación y en el tercer minuto Dani Olmo probó suerte desde la frontal. Su lanzamiento se marchó cerca del travesaño.
Mas los locales no iban a entregarse, ni mucho menos, así que reaccionaron elevando las revoluciones y la altura de sus líneas. Apretaron desde lo físico y con las ideas muy claras: si no robaban rápido, bloque bajo riguroso; ante la asfixiante presión rival, pelotazos para que Salomón Rondón genere segundas jugadas. Veljko Paunovic logró el pasado verano la machada de devolver a los 'carbayones' a la élite tras más de dos décadas de ausencia. El capital mexicano y su astucia alcanzaron el éxtasis y en el mercado captaron piezas solventes como Eric Bailly y David Carmo, que lucieron en esta jornada como pareja de centrales. También han incorporado al motor Leander Dendoncker y a Alberto Reina. Todos ellos funcionaron en plenitud en el primer tiempo, más enfocados en destruir que en crear. Con esa base y la energía en máximos fabricaron hasta cuatro saques de esquina en el prólogo, con Santi Cazorla como excelso ejecutor. El emblema ovetense, que está paladeando el dulce regreso de su club a la cima, es el encargado de activar el balón parado, una de las herramientas principales para soñar de la tribuna del Carlos Tartiere. Por esa vía Carmo y Dendoncker escudriñaron a Joan García.
El Barça pareció verse sorprendido por la rebeldía oponente y le costó volver a poner el lazo al enfrentamiento. Para ello dieron un paso al frente Casadó y, sobre todo, Pedri. El astro canario ha vuelto a bordear la excelencia como comandante del centro del campo 'culé'. Se juega a lo que él quiere. Su inteligencia, visión y técnica fue forzando al Oviedo a retroceder, y al portero Aaron Escandell a multiplicarse. Porque la armonía de los pases de este fenomenal cerebro desemboca con naturalidad en acciones venenosas. En el 10 facilitó un centro de Raphinha y el latigazo de Marcus Rashford que sacó bajo palos el guardameta local; en el 23 viró el juego hacia el atacante inglés, titular provisional, para que éste engatillase desde el pico del área y Escandell hubiera de estirarse; y en el 32 su lucidez desanudó el juego para que Raphinha emitiese un misil rasante que escupió el palo y Ronald Araujo forzarse al arquero azul a repetir despeje sobre la línea de gol.
Los 'carbayones' estaban ya achicando agua. Más por mérito visitante que por demérito de la defensiva propia. Y eso que Dani Olmo firmó otro rendimiento desconcertante. Muy poco participativo y fallón con pelota. Su rol de distribuidor entre líneas lo terminaría copando Ferran Torres desde el escaño del 'falso 9', de espaldas al arco. Pero, como se ha dicho, la raza del bloque asturiano no titubea y alcanzaron a estirarse en pleno agobio. Paunovic eligió a Cazorla para que éste ideara los pases atinados a la espalda de la adelantadísima defensa de Flick, y la retaguardia catalana sufriría por esa ruta aunque con otros artífices. Un desmarque de ruptura de Lucas Ahijado y el posterior despeje apurado de Eric García -minuto 25- avisó y en el 34 llegó el inesperado 1-0. Otro balón en profundidad obligó a Joan Carcía a salir de su área para despejar, pero el meta eligió regatear a 20 metros de su arco. Después ejecutó un pase en corto hacia el centro, decisión inexplicable en un profesional, y la pelota le cayó a Reina, que dibujó un remate bombeado que se coló mansamente y castigó la primera 'cantada' sonora del ex portero del Espanyol.
La grada se puso en pie y casi se frotaba los ojos. La última vez que había visto al Barcelona en el Tartiere, Radomir Antic estaba sentado en su banquillo y Lorenzo Serra Ferrer, en el contrincante. Había esperado demasiado para experimentar otra vez la sensación de tutear a un gigante, así que el tanto cayó como agua bendita en la capital del Principado. Y tampoco les supo mal llegar al descanso con ese marcador, si bien el paisaje ya evidenciaba la tendencia global y susurraba el desenlace. En vestuarios el balance era de un tiro a puerta local por los 11 remates y el 79% de la posesión de los visitantes. Rondón no podía con Pau Cubarsí y sólo las conducciones individuales del afilado Haissem Hassan inquietaban a los favoritos. Les faltó amenazar más al conjunto astur y en la reanudación, con el cansancio de por medio, se les complicaría sobremanera la supervivencia.
El preparador alemán, que en este día firmó su triunfo número 50 en la escuadra azulgrana (en sólo 67 partidos), no esperó y metió a De Jong por Casadó. Para superar el muro rival había que combinar más rápido y desplegar más desmarques de los interiores. El neerlandés lo entendió y aplicó de maravilla. Su entrada y el mando de Pedri elevaron la exigencia de forma sobresaliente desde el comienzo del segundo tiempo. Y el viraje de Raphinha desde la derecha hacia el centro terminó de encarrilar una remontada que nació desde el córner, cuando un rechace derivó en el regate y centro de Araujo, el chut de oficio de Ferran que Escandell envió a la madera y la diana de Eric García, que leyó la situación y embocó el empate a placer en el segundo poste -minuto 57-.
La igualdad en el electrónico le pesó a un Oviedo que se limitó a responder con una volea centrada de Reina, tras otra acción a balón parado -minuto 62-. La pelota era del Barça, que además presionaba con eficacia y concatenaba pases con más electricidad. Lo inevitable, lo que demandaban los indicios y la lógica, tomaría lugar en el 70. Lewandowski sólo llevaba cinco minutos sobre el césped cuando conectó un centro preciso de Frenkie con un cabezazo en giro estruendoso y digno de ser enseñado en las escuelas. El polaco rubricó todo un golazo, por la escuadra, que le devuelve a la pugna por el pichichi. Está más que enrachado y una vez más Flick acertó a acumular al goleador y a Ferran Torres como dupla atacante para batir a las murallas oponentes. Ha descubierto otra solución sólida, aunque Rashford tuviera que pasar a la banda derecha.
Paunovic reaccionó metiendo en cancha más músculo (con empate) y verticalidad (con 1-2). Y ordenó a sus muchachos ir a por todo. Lanzó el órdago adelantando las líneas. Mas de todas esas modificaciones sólo extrajo la presencia destacada de Josip Brekalo. El croata es otro de los fichajes llamados a añadir oficio y supo desestabilizar por su perfil, con un par de centros complicados que Araujo y Koundé amortiguaron 'in extremis'. En cambio, le duró poco el arreón a los locales. El fuelle se les acabó antes de la recta final y no volverían a atacar. Quedaron vacíos y el central uruguayo, capitán 'culé', sentenció con un testarazo cómodo en un saque de esquina -minuto 89-. Para constatar las prometedoras sensaciones colectivas y la dureza mental de un camarín que no teme tener que remontar, y para seguir el ritmo del Real Madrid.