Los Lunes de El Imparcial

Dennis Lehane: Shutter Island

Novela

Domingo 28 de septiembre de 2025

Traducción de María Vía Giménez. Salamandra. Barcelona, 2025. 368 páginas. 22 €. Libro electrónico: 11,99 €. Audiolibro: 19,99 €. Oportuna recuperación de esta novela del escritor norteamericano. Ya es un clásico del “thriller” psicológico, cuya popularidad se acentuó con la película de culto dirigida por Martin Scorsese

Por David Lorenzo Cardiel



Con paciencia intelectual y el desarrollo de los psicofármacos, los sanatorios y centros de rehabilitación mental han pasado de ser sinónimo de lugares tétricos a espacios que, dentro de la dureza de algunas de las situaciones que presentan los pacientes, invocan a la recuperación de una vida digna y a la esperanza en el futuro. Pero en los años cincuenta del siglo pasado, un psiquiátrico era un lugar hermético en el que las camisas de fuerza, los baños de agua fría, las terapias mediante electroshock y las cirugías de trepanación constituían el delicado ambiente de aquellos lugares. Unos espacios hacia donde los «cuerdos» intentaban evitar dirigir la mirada y del que los «locos», unos con angustia, otros despojados de ella, trataban de exiliarse con los restos fulgurantes de su imaginación.

Shutter es una voz inglesa que invita al encierro. Shutter Island, el gran súper ventas del escritor bostoniano Dennis Lehane, se publicó por primera vez en 2003 en castellano. Desde entonces, este thriller a medio camino entre la novela negra, la policíaca y el suspense, sigue cautivando lectores. Un detective que acude a un sanatorio para realizar una investigación, una isla que se convertirá en su prisión. La fuerza y el drama psicológico que construyen la narración se aderezan de los detalles reales de un sanatorio de la época. El resultado es una novela ejecutada con inteligencia, en busca de una tensión casi permanente.

En este sentido, Shutter Island es una buena novela, capaz de desasosegar al lector. No obstante, la película homónima del año 2010, que contó con la actuación de Leonardo Di Caprio, Michelle Williams y Mark Ruffalo, entre otros, avaló definitivamente el bestseller internacional.

Dicho esto, Salamandra ha reeditado el drama protagonizado por el detective Teddy Daniels en un movimiento editorial estratégico: mantener un clásico moderno en vigor, con tirada permanente, en atención a la multitud de lectores que gustan del suspense y de la tensión policíaca. La edición de Salamandra sigue el formato cuidado y muy accesible, tanto en tipo y tamaño de letra como en cuidado a la traducción, que caracteriza su línea editorial. Esta nueva edición conserva un perfecto equilibrio entre la identidad del texto original y una proyección hacia los lectores de nuestros días.

No obstante, quizás observo en las posteriores ediciones en castellano de Shutter Island una potencial falta de ambición al no insistir en dirigirla hacia el público más joven. De alguna manera, la adolescencia podría ser una buena época para ahondar desde prismas secundarios que ofrece esta obra: el encierro, simbólico o real; el peso del juicio social, la incapacidad de libertad absoluta en el individuo. Una isla con un sanatorio del que no se puede escapar (fácilmente) puede ofrecer un rico juego de posibilidades docente. Aunque el que más me interesa a mí no es precisamente el discurso masticado y moral, sino su contrario: la lectura descarnada y voluntaria de la obra, el descubrimiento atónito del lector, el juicio posterior que trasciende el gusto superficial y que permite forjar verdaderos lectores. Porque un lector se equivoca, transgrede sus límites literarios y utiliza la curiosidad para cuestionarse a sí mismo, también a sus lecturas.

En Zaragoza, hay un parque enorme que vela algunas edificaciones del que fue el gran complejo del psiquiátrico de la ciudad. Un familiar que trabajó allí me explicó recientemente, durante un tranquilo paseo, quiénes habitaban cada pabellón, dónde estaban las cocinas, dónde los patios, cómo se les ataba a las camas en momentos de crisis; cómo, en ocasiones, los empleados, especialmente las mujeres, podían ser objeto de agresión de algún paciente descontrolado.

Todavía, al pasear por el recinto –que es público– resuena, al mirar aquellos edificios cubiertos con fachadas de pulido ladrillo, el eco de cómo fue la vida de los enfermos que fueron tratados de sus dolencias durante tantas décadas en cualquier sanatorio de hace más de treinta años. No se pierdan la relectura de Shutter Island y su desasosegante narrativa.

TEMAS RELACIONADOS: