Pedro Sánchez necesitó el apoyo de veinte partidos para la investidura, entre ellos, además de los de extrema izquierda, dos separatistas de centro derecha, PNV y Junts, y otros dos independentistas de izquierda radical, ERC y Bildu. Aunque el respaldo de la veintena de partidos se ha ido resquebrajando, la mayor parte de ellos se sienten satisfechos con las prebendas conseguidas del Gobierno, al que someten a permanente chantaje. El caso de Israel no puede ser más claro. Pero una cosa es atender las demandas de sus socios y aliados en favor de la política antisemita y otra muy distinta rozar las bases militares norteamericanas en España.
Discurría yo sobre esta cuestión hace unos días, subrayando la alarma provocada en medios militares y en sectores políticos responsables. Pedro Sánchez, sin embargo, ha irrumpido en las bases estadounidenses, tanto en Rota como en Morón, vetando el paso de las armas de Estados Unidos con destino a Israel.
Aunque se hayan hecho negociaciones diplomáticas serias, que no está confirmado, prohibir a Estados Unidos utilizar unas bases que le cuestan un ojo de la cara constituye una provocación de consecuencias difíciles de calibrar. En cualquier momento, Donald Trump puede ordenar que las bases de Rota y Morón se desplacen a Marruecos y se instalen allí, quebrantando el equilibrio de fuerzas en una zona geográfica clave para España.
Marruecos reclama su soberanía sobre Ceuta, Melilla, islotes adyacentes y las Islas Canarias. Pedro Sánchez, al vetar el paso de armas estadounidenses hacia Israel, puede colocar a España en una situación especialmente dramática. No valdrán entonces las disculpas adolescentes ni proyectar la responsabilidad sobre los partidos rivales. Pedro Sánchez habría instalado a España en una situación gravísima. Solo queda confiar en que la providencia temple los ánimos de Donald Trump y que no ocurra lo que puede ocurrir.