De Proteo el egipcio no te asombres, tú, que eres uno y muchos hombres. Nada hay más mágico que lo real, “las artes hice mágicas volando” dijo Lope de Vega. Para avivar lo mágico que hay en lo real es necesario bajar con Sócrates a las profundidades del propio daimon, una razón cálida donde cabe todo, sentimientos lógicos e ilógicos, coherencias e incoherencias. Al ver a Margarita, Fausto exclama: “en ese cuerpo que se expone a mi vista hallo el resumen de las maravillas de todos los dioses”, pues en él se reúnen los reinos mineral, vegetal, humano y angélico.
Pero la fórmula del Oráculo de Delfos conócete a ti mismo ha de ampliarse con esta otra: y ocúpate de los demás al ocuparte de ti mismo. Foucault, hijo, de la egología cartesiana, o sea, del yoismo de Occidente, se queda corto cuando asegura: “no se trata de hacer pasar el cuidado de los otros a un primer plano anteponiéndolo al cuidado de sí; el cuidado de sí es éticamente lo primero, en la medida en que la relación a uno mismo es ontológicamente la primera” (Hermenéutica del sujeto. Ed. La Piqueta, Madrid 1994, p. 33). No es anteponer, amigo, sino simbiotizar.
Lo mágico, cuando expresa la realidad, se opone a creatividades ilusas, pedos de borrica vieja, que no consisten sino en llevar la contraria, al modo como los adolescentes consentidos, malcriados e histéricos, Contreras que confunden su inmadura pubertad con la realidad, de ahí el aburrimiento existencial, el spleen, el taedium vitae, el amodorramiento. Toda biografía literatura apagada y átona como la del Amiel de don Gregorio Marañón, se limita a narrar lacrimógenamente las frustraciones fantaseadas e imaginarias.
Extraer imágenes de la realidad es un privilegio exclusivo de la causalidad formal del agente: sólo el cantero adivina al caballo que estaba escondido en la piedra granítica antes de labrarla. Por eso lo real mágico es taumaturgia y dramaturgia de carne y hueso. La creatividad mágica engendra la magia necesaria para transformar la realidad en una serie concatenada de creaciones y recreaciones sin término. Lo cual no lleva al “sólo sé que no sé nada”, sino que me convierte en autor, agente y actor de mis propias nivolas; si ustedes me preguntan qué es mi poesía debo decirles que no sé, pero si interrogan a mi poesía, ella les dirá quién soy yo.
La creatividad rompe las fronteras. García Márquez, Vargas Llosa, Carpentier, Asturias, son excelentísimos y reverendísimos realistas mágicos, pero también Quevedo o el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Y para fantasía cornúpeta, la de Charles Fourier, que llegó a censar ochenta especies de maridos engañados: cabrón en ciernes, cabrón imaginario, cabrón marcial, cabrón fatalista, cabrón mental, cabrón recíproco, cabrón propagandista, cabrón portaestandarte, cabrón místico, todos ellos repartidos a su vez en tres clases, cornudos, cornúpetas y acornados, y subdivididos en trece géneros. ¿Demasiada imaginación? No; cuanto más realismo mágico, más realismo fáctico. El antílope macho de Asia se rodea de cien hembras; por eso tiene unos cuernos enormes: para gozar de esa corte tuvo que eliminar a muchos pretendientes. Pero ese número sigue siendo muy inferior al alcanza do por el rey Salomón, que tenía setecientas esposas y trescientas concubinas . Era un deportista, evidentemente.
La mirada es asimismo un instrumento que puede convertir lo bello en feo y lo feo en bello, pues hasta lo feo mirado creativamente puede llegar a ser grandioso, genial. Sólo hace falta aprender a mirar con ojos nuevos, más allá de la mirada del químico: “puedo unir mis hidrógenos a tu oxígeno para que no seamos ya más que una sola molécula de agua”. Hasta el universo onírico es un correlato mágico que convierte el sueño en realidad y la realidad en sueño.
Un libro, una entrevista, un café compartido pueden devenir mágicas realidades, lo mismo que un bucólico paseo por el campo a lo Salicio y Nemoroso, o por la inolvidable aldea de Macondo, igual que un buceo urbano o suburbano por la megalópolis de Atenas, cuyos simposios y mítines la convirtieron en el lugar de encuentro de las fuerzas del alma de las gentes libres. Incluso en la cárcel (bajada a los infiernos), o en las celdas de los santos líricos (aunque sean tan distintos como san Jerónimo o san Juan de la Cruz); incluso en las ergástulas de esclavos como Espartaco, o de los militantes obreros que escribieron con sus vidas las gestas más bellas. ¿Dónde no? La magia no es como los teléfonos móviles, que a veces carecen de zonas de cobertura.
Frente a ese escepticismo, venga a nosotros el niño: “el género humano comienza en cada niño. Al contemplar los hechos del pasado, la historia universal olvida que cada niño nace con una disposición dada y formada a lo largo de esa ‘historia universal’, es decir, a partir de la multitud de disposiciones heredadas de las generaciones humanas, y que nacerá en una situación ya creada a partir de la acumulación de antecedentes históricos. Esta realidad no debe ocultarnos que, pese a todo, en esta hora, como en cada hora, el que aún no es emerge de entre la algarabía de todo lo existente con diez mil rostros, ninguno de los cuales fue visto hasta ahora, y con diez mil almas sin haber aparecido aún, y a la vez dispuesto a ser: he aquí el acontecimiento de la creación, novedad emergida, potencia primordial. La realidad-niño es esta aparición de una realidad irrepetible, esa gracia -que se añade a la procreación y al nacimiento- del poder volver a empezar siempre, continuamente, una vez más. Magia: ser como niños.