Begoña Gómez, como presunta inocente que es, puede ser absuelta por un jurado popular cuando se siente en el banquillo de los acusados, pero también, condenada por malversación y otros 4 delitos; incluso podría archivarse su caso, aunque esto último parece improbable. Pero ya ha quedado demostrado que ha abusado del poder de su marido, casualmente el presidente del Gobierno, para sus tejemanejes, sus negocietes, sus aspiraciones “intelectuales” al lograr presidir una cátedra de la Universidad Complutense y para, desde La Moncloa “atracar” a unas empresas que se han visto obligadas sufragar los gastos de tantas vanidades e intereses. Ha quedado demostrada, en fin, la inmoralidad de la mujer de Pedro Sánchez al hacer esas gestiones con el sello de La Moncloa y con la gestión de una asesora pagada con el dinero público. Una asesora que no actuó “puntualmente”, como declaró el abogado defensor y la Fiscalía que, ya se sabe de quién depende. Trabajó, como ha acreditado la Guardia Civil, sistemáticamente, y en exclusiva en los chanchullos de Begoña Gómez al enviar más de 200 correos al vicerrector de la Universidad para organizar la cátedra que iba a encumbrar a la mujer del presidente a lo más alto de la intelectualidad española.
El cúmulo de pruebas de la Guardia Civil en manos del juez Peinado demuestra también que a Pedro Sánchez se le acaba el tiempo. No ha podido, ni va a poder, aprobar su reforma judicial que buscaba escabechar a los jueces que instruyen los casos de corrupción de su familia y su Gobierno. De ahí, que Begoña Gómez siga aplastada por la tonelada de pruebas que apuntan a sus abusos y a los abusos del poder de su marido, quien intenta defenderse acusando a esos jueces de hacer política.
A Pedro Sánchez, en efecto, se le acaba el tiempo por mucho que prolongue una legislatura que está en fase terminal. Es incapaz de aprobar una sola ley y, este mismo martes, ni ha presentado los presupuestos como le obliga la Constitución y denunciábamos en nuestro último editorial. Se le acaba el tiempo para recuperar el apoyo del golpista prófugo, a pesar de sus esfuerzos al enviar a Zapatero a Suiza. Y se le acaba el tiempo para salvar a su mujer de las garras de la Justicia, donde aparece atrapada por las muchas turbias maniobras que están saliendo a la luz. Ya sólo le queda aprovechar el tiempo que le queda para agitar las urnas a la espera de llenarlas con el voto de los inmigrantes nacionalizados y subvencionados y de los tataranietos de los republicanos que se exiliaron en Iberoamérica para huir de la dictadura de Franco. Ya sólo le queda el tiempo para intentar ganar las elecciones y perpetuarse en el poder e intentar evitar sentarse también en el banquillo de los acusados. Pues si su mujer fuera finalmente condenada quedaría demostrada la responsabilidad directa del presidente del Gobierno al haber preparado el terreno de La Moncloa para que su mujer pudiera organizar a sus anchas los tejemanejes que ahora investigan la Guardia Civil y el juez Peinado.