Editorial

Yolanda Día, del fiasco de la reducción de la jornada laboral al control comunista de los horarios laborales

EDITORIAL

E.I. | Miércoles 01 de octubre de 2025

Después de fracasar en su intento de reducir la jornada laboral y para sacarse esa espina, Yolanda Díaz ha decidido controlar la jornada laboral de los trabajadores mediante un Real Decreto de tramitación urgente y así esquivar el Congreso de los Diputados, el campo de minas donde el Gobierno pierde todas las votaciones. Al igual que con la reducción de la jornada laboral, ha puesto en marcha su propuesta comunista sin siquiera consultar a la patronal, esquivando el diálogo social que propugnó en su día. Como ya es habitual, UGT y CCOO, cuyos líderes actúan como ministros en la sombra, aplauden con entusiasmo cualquier idea de la vicepresidenta, en especial las que perjudican a las empresas y aparentan beneficiar a los trabajadores, aunque al final muchos irán al paro por las ocurrencias de la ministra de Trabajo.

Lo esencial del gulag político imaginado por Yolanda Díaz es el control. Primero se elimina la libertad, en este caso de las empresas y, luego, se ficha a los trabajadores “digitalmente” para conocer y archivar sus entradas y salidas. Desconoce la ministra, o más bien desprecia, que hay profesiones que no se pueden atener a horarios estrictos. Y oculta las dificultades de muchas empresas para sobrevivir al estar constreñidas por unas medidas que imitan la dictadura del comunismo soviético, el régimen que fracasó, precisamente, por su férreo (y torpe) control de la economía.

En realidad, Yolanda Díaz sólo intenta sobrevivir en su desesperado canto del cisne, a las puertas de salir despedida de la política por su traición a Podemos y sus continuos disparates. Y, de ahí, el desplome de Sumar en las encuestas y la dispersión de los partiditos que se agrupaban alrededor de la vicepresidenta. Después del fiasco de la reducción de la jornada laboral, la ministra de Trabajo vuelve a la carga con su control, férreo eso sí, de los horarios de los trabajadores. Pero también ahora se ha quedado sola. Mantiene, eso sí, el apoyo de los líderes sindicales, que tragan ruedas de molino con tal de mantenerse en la cúspide de CCOO y UGT para cobrar unas subvenciones del Estado desorbitadas. Ellos son, de momento, los únicos que trabajan menos y ganan más. El resto de los españoles tendrá que esperar que algún día, si es que llega, se apliquen las disparatadas propuestas de Yolanda Díaz.

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