La salud mental se ha convertido en uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI, con un impacto creciente en personas de cualquier edad, género o condición social, tendencia que la pandemia de COVID-19 no hizo más que acelerar. Tradicionalmente relegada a un segundo plano, la salud mental empieza a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria y social. Ante esta realidad, la Fundación ”la Caixa” reafirma su compromiso con la investigación como herramienta clave para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de estas patologías.
En el actual contexto social y sanitario, el aumento de los trastornos mentales hace más imprescindible que nunca poner de relieve el papel de la investigación científica. Esta es esencial para comprender las causas, identificar los factores de riesgo y protección, y mejorar el diagnóstico y el tratamiento. Además, la investigación permite visibilizar la complejidad de la salud mental, combatir el estigma y ofrecer respuestas, contribuyendo así a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.
El suicidio es una de las tres principales causas de mortalidad en todo el mundo: provoca más de un millón de fallecimientos cada año. En el 90 % de los casos, la persona sufría algún tipo de enfermedad mental, según la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental.
En Europa, el suicidio supone una de las principales causas de muerte en menores de 35 años y en el mundo es ya la segunda causa de muerte en personas de entre 15 y 29 años. Un importante porcentaje de las personas que intentan suicidarse sin conseguirlo vuelve a intentarlo durante el año siguiente.
Por ello, emprender intervenciones basadas en la evidencia científica podría prevenir muchas de esas muertes. Ese es precisamente el objetivo que persigue un proyecto apoyado por las ayudas CaixaResearch de Investigación en Salud de 2023 y liderado por el doctor Enrique Baca-García, jefe corporativo del Departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica de los hospitales del Grupo Quirónsalud integrados en el Servicio Madrileño de Salud (Sermas).
Según explica este experto, lo que hacen los investigadores del proyecto, «siempre con el consentimiento del paciente y la familia, es emplear los teléfonos móviles para evaluar la efectividad de combinar distintas fuentes de información con el fin de prevenir los intentos de suicidio y definir el perfil de los pacientes que reinciden».
Actualmente, los teléfonos móviles permiten preguntar a las personas en riesgo de suicidio cómo se sienten en cada momento y en qué entorno se encuentran.
Además, la tecnología permite utilizar sensores integrados en el móvil para registrar el comportamiento de las personas en riesgo. «El algoritmo analiza los datos para identificar patrones de conducta, como los horarios de sueño, trabajo y actividad física. Cuando se detectan desviaciones significativas, el sistema alerta sobre cambios drásticos en los hábitos, como dormir menos o salir más», añade. Además, se ha creado también un aviso con un plan de seguridad que ofrece estrategias para evitar los pensamientos o las conductas suicidas.
La depresión es un problema de salud mental que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, de las cuales el 65 % recae después del tratamiento.
Según explica João Filipe Oliveira, investigador del Life and Health Sciences Research Institute, de la Universidade do Minho (Portugal), «en estos momentos contamos con pocas novedades farmacológicas para la depresión. En numerosas ocasiones, los tratamientos no son eficaces y, de hecho, para el 20-30 % de los pacientes no encontramos ninguna combinación que funcione. Por eso sigue siendo una enfermedad tan prevalente, a lo que hay que añadir que aún sabemos poco sobre los mecanismos que la originan».
Aunque la base neurológica completa de la depresión es desconocida, el trastorno se correlaciona con alteraciones de la función neuronal en la región del sistema límbico y cortical del cerebro. A este respecto, un equipo de científicos apoyado por la convocatoria CaixaResearch de Investigación en Salud de 2021 y liderado por el doctor Oliveira trabaja actualmente para comprender el origen de esta enfermedad y poder así identificar nuevas dianas terapéuticas.
En situaciones de estrés crónico, los astrocitos, células gliales del cerebro, reaccionan al exceso de glutamato, cosa que parece influir en la sobreestimulación de las neuronas y causar los síntomas. Según el investigador, «una de las causas de la depresión es la persistencia de los efectos del estrés crónico en la vida de una persona. No es la única causa, pero sí una de ellas. Por eso, decidimos usar estos modelos de estrés para abordar los interrogantes de esta enfermedad».
En la carrera por encontrar nuevos tratamientos para las enfermedades mentales está adquiriendo gran importancia en los últimos años el estudio de la microbiota intestinal. Hablamos del conjunto de microorganismos que viven en nuestro intestino y que abre un nuevo horizonte de conocimiento en torno a la conexión entre microbiota y cerebro.
Consciente de la importancia de avanzar en este campo, la Fundación ”la Caixa” otorgó en 2024 una beca de posdoctorado Junior Leader a la doctora Mireia Vallès-Colomer, investigadora principal de un equipo que explora esta conexión en el Microbiome Research Group de la Universidad Pompeu Fabra.
Tal y como explica la experta, «por un lado, estamos investigando el metabolismo microbiano de compuestos neuroactivos, y además intentamos ir un paso más allá para ver cómo se transmite la microbiota en la población. Sabemos que durante los primeros años de vida adquirimos los primeros miembros de nuestro microbioma de nuestras madres, pero luego esta transmisión se complementa con la de otros individuos que están cerca de nosotros. Además, también hay transmisión por parte de las mascotas que tenemos en casa».
Según la doctora, con el avance de las investigaciones en este campo se podrían desarrollar en el futuro tratamientos psiquiátricos basados en la modulación del microbioma. «El objetivo último de estos estudios sería poder encontrar biomarcadores para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades mentales como la depresión», concluye.