Con una imprudencia, rayana en la temeridad, Pedro Sánchez anunció la prohibición a las bases americanas de Rota y Morón de aceptar el paso de armamento hacia Israel. Tal vez con la habilidad que le caracteriza, el presidente del Gobierno haya hecho gestiones enmascaradas para evitar la reacción airada de Donald Trump, si bien en las alturas políticas serias permanece la alarma y la incertidumbre. Confiemos en que Pedro Sánchez haya calculado bien lo que significa tocar las bases militares de los Estados Unidos.
Por lo pronto, varios medios periodísticos de relieve y alguna plataforma importante como Tiktok se han hecho de unas declaraciones amenazantes de Netanyahu jr. No solo se ha referido a Ceuta, Melilla y las Islas Canarias, es que se ha permitido asegurar que Israel está dispuesto a apoyar la independencia de Cataluña.
La política internacional no se puede poner en marcha sin calcular la reacción de los países afectados. Parece inevitable que Israel, con su inmensa influencia mediática en el mundo, acose a España en asuntos tan vidriosos para nuestra nación como la situación en Cataluña. Donald Trump puede ir más allá. No hay que tentarle. En 24 horas el presidente de los Estados Unidos dispone de todos los resortes para decidir el traslado de sus bases españolas a Marruecos, quebrando el delicado equilibrio de una zona mediterránea clave estratégicamente. España no debe olvidar al tomar decisiones internacionales que una potencia emergente como la marroquí, se ha adueñado ya del antiguo Sáhara español y que aspira a la soberanía sobre Ceuta, Melilla, islotes adyacentes y las Islas Canarias. Yacimientos petrolíferos entre el África marroquí y el archipiélago hacen todavía más atractiva una operación que conmocionaría la vida española y la estabilidad política.
Solo faltaría, en fin, que en medio de la convulsión que padecemos no solo en España, también en Europa, una torpeza internacional nos conduzca a situaciones irreversibles.