hiereùs…antiparêlthen/sacerdos…preaterivit. El sacerdote…pasó de largo.
leuítês…antiparêlthen/levita…pertransiit. El levita…pasó por otro lado. Mientras la versión griega utiliza un solo verbo para los dos sujetos, antiparérchomai, en el sentido de “pasar delante de, paralelamente y muy deprisa”, la versión latina distingue dos maneras de desentenderse del necesitado: el sacerdote pasa de largo, mientras que el levita parece que dio un rodeo para no pasar al lado del herido necesitado. Pudiera ser que los levitas, descendientes de la casa de Aarón, encargados del servicio del templo, debían mantenerse puros de toda sangre de violencia para no contaminar los objetos sagrados que ellos tocaban. Sin embargo, el sacerdocio de Aarón no puede pretender la perfección que caracteriza al de Cristo.
Pròs toús pódas toû Kuríou/secus pedes Domini. Junto a los pies del Señor. Mientras Jesús hablaba a sus discípulos sentado en una roca en el campo o sentado en un banco en una casa, estos discípulos, hombres, mujeres o niños lo oían recostados al lado de sus divinos pies. La autoridad de Jesús representará siempre una tarima espiritual que nos obliga a sus discípulos a oírlo arrodillados o a sus pies.
Martha periespâto/Marta satagebat. Marta se encontraba muy ajetreada con faenas diversas. Sin renunciar nunca a nuestro compromiso con el mundo, necesitamos la meditación, la contemplación y el diálogo con el Señor a fin de que nuestros ajetreos sean más eficaces y estén más llenos de sentido cristiano.
Dídaxon hemâs proseúchesthai/doce nos orare. Enséñanos a orar. La Historia Sagrada está marcada por la oración: es sorprendente observar cuántos grandes momentos de esta Historia están señalados por la oración de los mediadores y del pueblo entero, que se apoyan en el conocimiento del designio de Dios para obtener su intervención en la hora presente. Moisés domina todas las figuras de orantes del Antiguo Testamento. Su oración, tipo de la oración de intercesión, anuncia la de Jesús. Pervertimos la oración cuando se le pone a Dios a prueba a través de una relación sinalagmática para que Él haga nuestra voluntad a cambio de nuestros rezos. Toda la Biblia confluye en los salmos y en ellos se convierte en oración. Con los salmos se declara el gozo de vivir bajo la mirada de Dios, de estar con Él, de habitar su casa. Orar en nombre de Cristo supone querer lo que quiere Jesús. Jesús nos enseñó a llamar a nuestro Padre Abba, término que los judíos reservaban a sus padres terrenales y no habrían aplicado nunca al Padre del Cielo.
Aiteîte, kaì dothêsetai hymîn/petite,et dabitur vobis. Pedid y se os dará. Dios da siempre al que le pide, y más y mejor de lo que le pide.
Ho dsêtôn heurískei/qui quaerit, invenit. El que busca encuentra. En el fondo de toda su inquietud, el hombre siempre busca a Dios, pero con frecuencia se extravía su busca y debe volver a enderezarla. Entonces descubre que Dios también le estaba buscando a él. “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. No hay busca de Dios sin busca del derecho y la justicia. Y Jesús no se expresa de otra manera: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia”.
Pater ho ex ouranoû dôsei Pneûma Hagion toîs aitoûsin autón/Pater vester de caelo dabit Spiritum bonum petentibus se. El Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se los piden. Todos los hombres tenemos el derecho divino de ser iluminados por el Espíritu Santo. Para ello tenemos que estar abiertos a Él, y dejarle entrar, tras llamarlo, en nuestro corazón.
Pleonexía/avaritia. Avaricia o codicia. La avaricia nos lleva a las tinieblas como al rico Epulón. León XIV nos recuerda en una homilía que si el rico del Evangelio hubiera tenido caridad con Lázaro habría hecho el bien, no sólo al pobre, sino también a sí mismo. Fue su apego a la riqueza lo que le quitó la esperanza del bien verdadero y eterno. Cuando también nosotros estamos tentados por la avaricia y la indiferencia hacia el que sufre, los muchos Lázaros de hoy nos recuerdan la palabra de Jesús, convirtiéndose para nosotros en una catequesis y en un compromiso por la justicia social. Hoy también existen naciones-Lázaro, con miseria y hambre, junto a la puerta de naciones opulentas que miran con absoluta displicencia los terribles sufrimientos de aquéllas.
Pollà agathà keímena eis étê polla/bona posita in annos plurimos. Muchos bienes almacenados para muchos años. Hay quienes ahorran riquezas que desbordan sus probables años de vida, su más optimista horizonte vital, viejos avarientos que atesoran lo que no les va a dar tiempo a disfrutar en perjuicio del prójimo. Este amor a la riqueza es morboso porque se opone a la lógica y al sentido común, además de hacer daño a los hermanos que necesitan nuestra solidaridad. Respecto a los hijos, los herederos, son casi siempre una justificación de nuestra avaricia.
Agônídsesthe/contendite. Luchad o combatid. Los discípulos de Cristo deberíamos luchar con la incesante oración y las obras buenas a fin de que el Reino de Dios y su Justicia vayan extendiéndose cada vez más por el mundo. Ése es el significado de luchar o esforzarse por entrar por la puerta estrecha.
Oikodespótês/paterfamilias. Padre de familia. La imagen de los padres de familia a lo largo de los evangelios es frecuente. Cuando Jesús saca a relucir un padre de familia en sus parábolas éste suele ser un hombre sensato, buen administrador y, sobre todo, amante de sus hijos. El Padre de familia por antonomasia es Dios que nos adopta como hijos por la fe bautismal, que hace de nosotros un solo ser en Cristo, y de Cristo un Hijo mayor, que comparte con sus hermanos la herencia paterna. Tener a Dios por Padre nos obliga a amar también a todos sus hijos, nuestros hermanos. “Todo el que ama al que lo engendró ama también al que ha nacido de Él” ( 1Jn 5, 1 ).
Ánoixon hemîn/aperi nobis. Ábrenos. En realidad, Dios ni abre ni cierra la puerta de su Reino a sus hijos. Entramos si verdaderamente hemos vivido para entrar, y verdaderamente queremos.
Apóstêtê ep´ emoû ergátai adikías/discedite a me operarii iniquitatis. Apartaos de mí los que trabajáis por la injusticia. Aquellos que hacen el mal a otros hermanos renuncian a ser hijos de Dios, y, por tanto, Dios los aparta de su familia.
Éschatoi…prôtoi/novissimi…primi. Últimos…primeros. Nuestro Jesús reivindica un mundo al revés, en el que da la vuelta a todas las jerarquías y autoridades del mundo. Los méritos para ser primero en este mundo es ganar batallas, levantar grandes empresas, ganar mucho dinero, ganar las elecciones, ceñir corona y, probablemente, a costa de muchos muertos, de explotación de los trabajadores, de especulación inmoral, de mentir o de traicionar al padre. Esos méritos son pecados mortales en el Reino de Dios, por eso los que hoy son los últimos, los mendigos, los niños, las prostitutas, los inmigrantes, los mileuristas, los descartados, que decía el gran Papa Francisco, serán los primeros en el Reino de los Cielos.
Syneporeúnto autôi óchloi polloí/ibant turbae multae cum eo. Grandes turbas lo acompañaban. La turba, los parias, las pobres gentes, que describía Dostoyévski, son los que más necesitan a Jesús en este mundo en donde la injustica y la codicia reinan casi por completo. Por otro lado, esas turbas, al carecer de todo aquello que esclaviza el alma, tienen un corazón más desnudo para que en él se imprima la esperanza de la verdadera libertad. Ahora bien, el Reino de Dios no es la instauración de una oclocracia, sino la redención del óchlos.