Opinión

Reminiscencias de la Gran Depresión

Miércoles 10 de diciembre de 2008
No hay dos períodos o eventos históricos que sean perfectamente comparables. A pesar de que el genio de los historiadores es capaz de hacer paralelismos feraces, todos reconocen que la historia jamás se repite por completo. Pero sí es cierto que hay ciertas circunstancias relevantes que se repiten, y es labor de los profesionales del pasado del hombre identificarlos. Una crisis económica es ocasión a propósito para buscar comparaciones y la crisis actual nos permite mirar ochenta años atrás, cuando tuvo lugar la infausta Gran Depresión. Es prácticamente imposible que se repita una crisis como aquella, tan severa y duradera, pues la causa de la misma está en un New Deal que hoy nadie piensa repetir en los términos de entonces.


Pero hay un aspecto que sí nos afligirá como entonces, y que podría verse agravado por la actuación de los políticos. Se trata de la contracción del comercio mundial que, si no fallan las previsiones del Banco Mundial, alcanzará a la economía global en 2009, la primera vez que ocurre desde 1982. A los avatares de la crisis se podría sumar una tentación neoproteccionista contra la que ya se está alertando en diversos foros. No es un secreto que Barak H. Obama no es un hombre que crea en el libre comercio y pudiera estar dispuesto a ceder a los peores instintos de su partido (y, en alguna medida, del rival republicano), yugulando el intercambio voluntario de bienes, capitales y servicios a nivel global que está detrás de la virtuosa erradicación de la pobreza en centenares de millones de personas en las últimas décadas.


El Banco Mundial, de hecho, vincula esta contracción del comercio a la minoración del crecimiento mundial del 2,5 previsto para este año al 0,9 que apenas logrará la economía global en 2009. La crisis afecta a países más y menos ricos. Pero un mundo más cerrado sería especialmente duro para quienes menos tienen, privándoles de la oportunidad de crecer y enriquecerse, sirviendo a la vez sus intereses y los nuestros, consumidores del primer mundo. Evitar una de las causas de la prolongada depresión de los 30’ es responsabilidad de los actuales dirigentes y de que los instrumentos de opinión pública sean capaces de presionar lo suficiente a los políticos. Además de la conveniencia de no tropezar otra vez en la misma piedra, apostar por la liberalización comercial es una exigencia moral con los más pobres.