El Gobierno español ha apoyado sin reticencias al sátrapa Nicolás Maduro, a pesar del pucherazo electoral que le permite seguir en el poder. Ha apoyado y cerrado acuerdos comerciales con un político que desprecia la democracia, que permanece en la Presidencia mediante la represión más brutal y la aniquilación de los opositores, como ha intentado hacer con la propia María Corina que se ve obligada a vivir escondida y aislada para impedir ser detenida, torturada y, probablemente, asesinada por denunciar las tropelías del régimen bolivariano. El mejor embajador en el mundo del dictador venezolano es José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente español que colabora con Pedro Sánchez, como su mejor aliado para que siga en el poder. El antecesor socialista en La Moncloa, además de ser uno de los hombres más cercanos a Maduro y su mujer, está en el punto de mira de la Justicia internacional por sus opacos negocios con el régimen chavista.
A trancas y barrancas, Pedro Sánchez aguanta en La Moncloa aliado con los comunistas, golpistas catalanes y filoetarras. Pero allende las fronteras es un apestado. Es excluido de las cumbres de la UE por su estulticia política, amenazado por Trump con expulsar a España de la OTAN, chantajeado por Marruecos, país en poder de sus secretos más inconfesables... El presidente español, en fin, está marginado en el mundo democrático por no ser fiable. Ni decente. No obstante, ha anunciado que asistirá a la firma del acuerdo de paz en Egipto. Hay que esperar que Trump no le endilgue una sonora colleja.