Opinión

A rebato

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Viernes 17 de octubre de 2025

En unos días se reúnen un puñado de liberales de corazón, gente magnánima y libre, en un monasterio, que es el lugar más apto para ese tipo de espíritus. La reunión está amparada por el Foro Liberal de la Sociedad de Estudios de Axiología y el canal Res Hispánica. Los asistentes son mayoritariamente liberales clásicos en materia política y económica, no tanto eso que ocasiones se nombra – como si se paladeara un veneno – “neoliberales”. Junto a ellos aparecen personas de diversa orientación: tradicionalistas, anarcas, funcionarios descreídos y fervorosos militantes sin bandera.

Si algo califica esa reunión ha de ser algo de cariz universal, aunque no impreciso, y por eso se reúnen bajo el manto protector de la cosa hispánica o, acaso, algo de cariz negativo y por eso no hallarán en la nómina nihilistas destructivos, terroristas de la idea o amebas del progreso sin sustancia que declaman su derecho a la nada. Reconozco que no me disgusta figurar en ese batallón sin uniforme pero hondamente comunicativo, liberales de corazón – he dicho – al modo de nuestro mito patrio: hay Quijote y hay Sancho en cada uno de los que participan de este avío.

El lugar es el Monasterio Franciscano de la Rábida, desde el viernes 17 de octubre a las cinco de la tarde – hay también taurinos y de la otra ralea – hasta el sábado a las seis de la tarde. Estará muy presente eso tan popular y concreto que es la política: el afán común que nos lleva a todos los que no somos idiotas, en su sentido clásico, a la comunicación y al debate. Como exige esa inclinación universal que se concreta en la política, la comunicación tendrá lugar entre los muros que abrazan el espacio espiritual del monasterio. Muros que lejos de constreñir liberan, como hacen a menudo los límites y saben bien los viejos liberales.

Algunos de los que asisten tienen nombres de amplia difusión y otros somos lectores no tan rutilantes, pero que haremos por estar a la altura de las circunstancias. No diré nombres, por no dejar fuera ninguno y evitar al lector una lista que puede encontrar en este programa. Tengo que hacer, sin embargo, el elogio de la Asociación Estudios de Axiología, pero también del ánimo firme de cada uno de los que se animan a participar. Contamos, en efecto, con la potencia incomparable de la voluntad política de cada uno: una magnitud que los profesionales y técnicos que constituyen las élites que nos apacientan y nos impacientan suelen despreciar para su desgracia, o eso quiero pensar. Digo, en resumen, que es a pulmón como avanzan estas ocasiones que, aunque no son de las grandes del siglo, contribuyen a disponer los ánimos para los actos últimos a los que el estado presente del mundo parece conminarnos.

Reunirse y hablar es el acto político por antonomasia. La gente serena suele hablar con calma y en voz no muy alta, pero ese discurso parsimonioso es el antagonista elemental del asombroso poder del mundo. El discurso bien trabado puede conmover y desgarrar conciencias, puede desbaratar sistemas con pies de barro, aunque se presenten revestidos del espléndido oropel de la democracia. El lugar es Huelva, monasterio franciscano de La Rábida, la próxima semana. Nos convoca la Hispanidad, por tanto trataremos de hacer del mundo casa común y nuestro tema será, en fin, todas las cosas.