Opinión

Un año con Cristina

Jueves 11 de diciembre de 2008
Dña. Cristina Fernández de Kirchner cumple su primer año como Presidenta entre pocas luces y demasiadas sombras. Un año difícil, caracterizado por las fuertes tensiones político-sociales, que culminaron en el conflicto con el campo, que tuvo lugar entre marzo y julio, y por el inicio de una grave ralentización de la economía nacional como reflejo de un manejo poco riguroso de la economía, además de la crisis financiera mundial.

Resulta difícil realizar un balance de estos primeros doce meses de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: su mandato ha generado más expectación que resultados. La legitimidad de su gobierno no está en juego, ni su estabilidad. Sin embargo, la sociedad civil argentina se muestra insatisfecha con su gobierno, percepción que va aumentando proporcionalmente con el declive económico. Cristina Fernández asumió la Presidencia en un clima de expectativas muy favorables, con una alta tasa de aprobación y muchas esperanzas de cambio. Pero, al cumplir un año, las decisiones de su gobierno han generado incertidumbre y perplejidad y su estrategia de modificar incesantemente las reglas del juego le está perjudicando más que beneficiando.

Tras un pasado caracterizado por graves errores económicos y fracasos políticos, su mandato representaba una oportunidad de cambio para el país, augurando el inicio de una nueva etapa para Argentina. La gente la voto masivamente esperando que representase una “versión mejorada” del proyecto de su predecesor, una variante menos conflictiva, más propensa al dialogo y favorable al cambio anhelado por toda la sociedad civil. De momento no ha sido así, su gobierno “luce sin futuro” y el electorado se muestra desencantado con su gestión política; al igual que le está pasando a su esposo dentro de su partido, su fuerza política resulta debilitada y sus promesas han perdido parte de su credibilidad. La ilusión sobre un futuro próspero para Argentina se está acabando y el optimismo está dejando paso al realismo: bajos salarios, pérdidas de empleo, nivel de delincuencia en crecimiento, inflación en continuo aumento.

Argentina debe recuperar el papel protagonista que le corresponde y enfrentarse de forma coherente y decidida a los desafíos que le esperan, abandonando el círculo vicioso de muchas décadas de una economía basada en el clientelismo y en medidas estatales de dudosa utilidad. Las ideas malsanas de expropiar o nacionalizar deben dar paso a una política económica efectiva, que se preocupe de fortalecer las instituciones, que certifiquen la seguridad jurídica –cuya fragilidad constituye el verdadero cáncer del país- y que garanticen el funcionamiento del mercado. En caso contrario, las inversiones extranjeras en lugar de sentirse atraídas se verán expulsadas y Argentina malgastará su oportunidad.

El gobierno debe adoptar medidas que se ocupen de solucionar problemas como la desigualdad, la pobreza, el déficit público y la inflación. En su segundo año, Cristina deberá buscar la manera de “reconstruir” el Estado argentino: un proyecto de Estado que, como tal, debe pactarse con las oposiciones y los agentes sociales. El actual mandatario debe demostrar su independencia a la hora de tomar decisiones, ya que la presencia de Néstor Kirchner socava su legitimidad y su prestigio, quitándole credibilidad. Finalmente, la presidenta no puede cometer el error de pasar por alto las enseñazas de las crisis vividas en este primer año. Por eso, Cristina Fernández debe replantear políticamente su gestión y garantizar mayor gobernabilidad en el país, antes de que sea demasiado tarde. Para ella y para la Argentina.

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