Junto a varios compañeros profesionales del periodismo, combatí desde el ABC verdadero a Felipe González, sobre todo cuando se prolongó de forma excesiva su mandato, reconociendo que fue de manera democrática. Subrayé siempre la ingente tarea que desarrolló en favor del pueblo español y en la consolidación de las instituciones constitucionales. La objetividad periodística me exigió, cuando abandonó el palacio de la Moncloa, derrotado por Aznar, que reconociera a González como el primer hombre de Estado del siglo XX, igual que Cánovas del Castillo lo fue del siglo XIX.
Los enemigos del expresidente, dentro y fuera del PSOE, me reprocharon muchas veces mi insistencia en situarlo a la cabeza de los hombres de Estado españoles de la pasada centuria. Desde que dejó de ser presidente del Gobierno no he tenido, por cierto, la menor relación con Felipe González. Mi opinión sobre él, acertada o equivocada, pero coincide con la de prestigiosos historiadores, no puede ser más objetiva.
Por eso he recibido con satisfacción la noticia de que el Rey Felipe VI ha distinguido al gran político sevillano, otorgándole el Toisón de Oro. Son muchos los especialistas que consideran la Insigne Orden del Toisón de Oro como la máxima condecoración mundial y, por supuesto, la más prestigiosa distinción que el Rey puede otorgar.
Felipe VI es el heredero directo del duque de Borgoña. Aún más, entre los títulos de soberanía de la Corona española sigue figurando el Ducado de Borgoña. En el siglo XV, año 1429, Felipe III, duque de Borgoña, fundó la Orden del Toisón de Oro, condecoración y reconocimiento que han obtenido altas personalidades históricas a lo largo de los siglos, tanto del mundo intelectual como del literario, artístico y político, entre ellas Napoleón Bonaparte y el Emperador de Japón, Bismarck y Cánovas del Castillo, Godoy y Antonio Maura. También, por cierto, la mayor parte de los directores de la Real Academia Española, trescientos años dedicada a limpiar, fijar y dar esplendor al idioma y a defender su unidad.
Así que me sumo al acierto de Felipe VI al subrayar la extraordinaria contribución de Felipe González al bien común de los españoles.