Los Lunes de El Imparcial

Miguel Ángel Benedicto Solsona: Comunicar o politizar la Unión Europea

Ensayo

Domingo 26 de octubre de 2025

Colex. La Coruña, 2025. 172 páginas. 25

Por Teresa Sánchez



Decía el escritor Stefan Zweig, que «viajar, incluso hasta otros mundos bajo otras estrellas, no me permitía escapar de Europa y de mis inquietudes. Por muy lejos que me alejase de Europa, su destino me acompañaba». Resulta, hoy en día, tan admirable como inspirador el amor por Europa de Zweig y lo que significaba para él, mucho antes de vislumbrar el proyecto europeo que nacería tras la Segunda Guerra Mundial.

Esta pasión del escritor vienés choca con el desarraigo presente en la sociedad actual por el proyecto europeo y con una polarización geopolítica que está más vigente que nunca. Así, estas ideas de partida son dos de los ejes vertebrales que subyacen en la obra Comunicar o politizar la Unión Europea. Del consenso inicial a la polarización de la Europa geopolítica del profesor Miguel Ángel Benedicto.

Tomando como elemento de unión las políticas de comunicación que la han ido determinando a lo largo de las décadas, se establece un recorrido por la historia de la Unión Europea (UE) siguiendo este rastro para explicar cómo dicha comunicación ha sido entendida (o no entendida) por el ciudadano o utilizada por los políticos. De este modo, el profesor Benedicto pone encima de la mesa muchas cuestiones determinantes, que no solo nos permiten conocer nuestra historia europeísta más cercana, sino que nos plantea muchas cuestiones necesariamente importantes para comprender su futuro.

La obra se articula siguiendo una estructura cronológica que permite al lector ir redescubriendo cómo han ido evolucionando o adaptándose las políticas de información y comunicación de la UE. De este modo, de una manera seria y rigurosa el relato parte del proyecto europeo, recordando su surgimiento cuando buscando objetivos económicos compartidos, la evitación de nuevas guerras en una Europa devastada por ellas y el miedo ante nuevos resurgimientos nacionalistas, hasta llegar a los desafíos que tiene por delante hoy en día: una Europa que funciona en lo económico pero que sigue sin hablar con una única voz en lo político.

En consecuencia, la obra del profesor Benedicto nos posibilita echar la vista atrás y revisar cómo las políticas de comunicación han ido cambiando y evolucionando según lo hacía la Unión Euroèa. Así, toma como partida el primer servicio común de información impulsado por la Asamblea Europea, en la década de los 60, y donde ya se apuntaba un mal endémico que ha acompañado a la UE a lo largo de su historia: la percepción de Europa, por parte de los ciudadanos, como un ente burocrático, lejano y que nada tenía que ver con su vida rutinaria. La construcción europea se hacía en Bruselas (entre otras ciudades) y eso quedaba muy lejos de ellos.

Como muy acertadamente explica Benedicto, en las décadas de los 60 y 70, la información estaba muy compartimentada y cada periodista hablaba con el ministro que correspondía a “su” país, situación que fomentaba ese desarraigo por parte del ciudadano y la falta de entender Europa desde una voz unitaria que la definiera (pág. 19).

Después del Tratado de Maastrich (1992), un informe encargado por la Comisión puso de manifiesto lo que, quizás, ya muchos sabían: no existía una opinión pública europea y la identidad europea no había llegado a la gente. Las conclusiones eran demoledoras. Definían la comunicación europea como fría, seca y racional. Desde entonces, se decidió trabajar en el sentido comunicativo entendiendo que era la única manera, o quizás la más directa, de llegar al ciudadano.

Pero el análisis que hace la obra sobre las políticas comunicativas con sus aciertos o equivocaciones alcanza temas de rabiosa actualidad. Las redes sociales y la creación de una sociedad con exceso de información (y no siempre de calidad) también han cambiado la forma de comunicar el proyecto europeo y acercarlo al ciudadano. Sin lugar a duda, han supuesto una revolución en la forma de comunicar y comunicarnos y un elemento imprescindible para entender cualquier política de comunicación actual. Si eliminamos este elemento de la ecuación, la ecuación ya no funcionaría.

Entre todos los retos que la UE tiene por delante, Miguel Ángel Benedicto también aborda el desafío de la desinformación, que se produce cuando «se incluyen contenidos que no son completamente falsos, pero que son elaborados de manera deliberada y presentados como periodismo para manipular a los lectores, un fenómeno que forma parte de la tendencia descrita como “postverdad” que distorsiona la realidad para manipular emociones e influir en la opinión pública» (pág. 71).

De este modo, aborda de manera interesante y bien argumentada diferentes casos de desinformación, entre ellos los casos rusos que también tuvieron su vertiente española durante el referéndum ilegal de Cataluña. Un capítulo especialmente considerable por la necesidad que existe de seguir abordando este fenómeno.

En la Unión Europea actual, el desafío comunicativo sigue vigente y necesita de soluciones. Se precisa crear ciudadanos europeos y un factor de socialización política. En sus palabras, «falta creatividad, contar historias que interesen a las personas, que apasionen (…) Desde nuestro punto de vista lo que hay que hacer es un proceso de “bottom-up”, de abajo a arriba, introduciendo una dimensión europea en las escuelas con programas de estudio europeos sobre historia, literatura, música… en todos los sistemas de educación europeos» (pág. 147).

En conclusión, la obra del profesor Benedicto es una excelente oportunidad de entender cómo ha funcionado y funciona la comunicación europea de la mano de un especialista de absoluta solvencia. Una obra sólida y bien documentada que se convierte en una lectura obligada.

TEMAS RELACIONADOS: