La inmensa mayoría de la clase política española es moderada, razonable y constructiva. Ayer, sin embargo, un sector de esa clase política ofreció un lamentable espectáculo a la ciudadanía en el Senado de la nación. La comisión de investigación a Pedro Sánchez se convirtió en una trifulca abierta, en una zafacoca a la venezolana. Salvo algunas excepciones, casi todos los parlamentarios se lanzaron a la gresca, a la camorra, a la bronca…
Se trataba de completar una investigación de grave alcance político que afecta a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. A lo largo de varias horas, en lugar del sosiego y la moderación, lo que predominó fue la pelotera y la riña, la molotera que dirían los cubanos.
Pedro Sánchez, que tiene muchas tablas, salió airoso del envite. No venció pero tampoco perdió, que es lo que pretendía Alberto Núñez Feijóo, director con mando a distancia de una operación que se le fue de las manos. El presidente del Partido Popular, líder del centro derecha español, ha mejorado mucho desde que accedió a la jefatura de la oposición hace tres años. Pero confundido por el entorno de sus agradaores gallegos todavía comete errores impropios de la responsabilidad que ostenta. Lamentable que no cuidara hasta el más mínimo detalle una operación parlamentaria en la que el presidente del Gobierno debía mostrarse acorralado ante un Senado hostil.
Oportunidad, en fin, en gran parte desaprovechada por muchos cantos de sirena que escuchen los oídos de Feijóo. Y lo que es peor, con grave daño para la democracia española que padeció un farragoso espectáculo de gritos, atropellos y despropósitos en una institución como el Senado que debería ser siempre ejemplo de serenidad y madurez.