Hay ocasiones en las que lo fundamental y lo emocionante del mundo de los libros no ocurren por quienes los escriben o los editan, sino por quienes los venden. Los libreros no están exentos de que les sean colocados esos halos de idolatría que se pueden generar, pero como el citado en estas líneas seguramente no hubiera querido elogios tan hiperbólicos, ni sus conocidos y familiares y amigos, sólo habría que decir, y no siendo para menos, que su labor fue muy importante y crucial para todos los que marchaban a su lado y tuvieron la fortuna de acompañarlo un trecho o varios.
Manuel Domínguez, más conocido como Manolo Gulliver, regentó su librería, cuyo letrero ‘Gulliver’ sigue y seguirá ligado al paisaje de la madrileña calle del León, hasta su muerte por estas fechas hace un año. Pero superada la triste noticia, quienes lo recuerdan con el afecto intacto y sin visos de reducirse un ápice, han querido reunir en un pequeño volumen fotografías, imágenes de lienzos, de cubiertas y un buen puñado de textos. Manolo Gulliver. Álbum, editado por Papeles Mínimos, es el segundo volumen de una pequeña colección, y pese a la circunstancia, es un título de valor genuino, sin importancia por lo sentimental que lo motivó. Hay más festejo en su interior que otra cosa. Hay agradecimiento por una vida de dedicación a un oficio exigente y tirano, muy solitario, alejado de los grandes debates pero cercano a los grandes temas, algo paradójico. ¿Qué pueden representar mejor una pila de libros alzándose desde el suelo y una estantería rebosante sino todo lo apabullante y placentero que cualquier vida siente a lo largo de la misma?
Uno se adentra a recorrer estas páginas, esta colección de logros que pueden despistar por su menor escala, si no secreta, pero uno no se resiste a mirar con detalle cada nota al pie, cada cuadro —una muestra de Dis Berlin, Damián Flores, Javier Pagola, Carlos García-Alix, César Fernández Arias, entre otros—, cada ejemplar dispuesto en los estantes de la librería o los rostros de las fiestas en su casa u otros escenarios y momentos en los que todos los firmantes convienen en que no dejaban de ser excepcionales y divertidos gracias a la personalidad de Manolo, con su humor ‘fino y socarrón a partes iguales’, como se dice. Los textos corren a cargo de, pintores unos y escritores otros, Juan Manuel Bonet, Raúl Eguizábal, Horacio Fernández, Damián Flores, Ángel Guache, Francisco Llorca, Miguel Sánchez-Ostiz, Paula Serrano Prieto, Andrés Trapiello y Álvaro Villacieros, además de la participación de Juan Manuel Domínguez, uno de los hijos del librero, y la compilación se debe a la iniciativa de Carlos Menéndez, Sindo Sieiro y Carlos García-Alix.
En el acto que tuvo lugar en el espacio Fonte para presentar el libro y homenajear a Manolo Gulliver, cundía el aprecio y la emoción no pudo desbordarse incomodando a los más pudorosos, pero sí que se tradujo en vivacidad, en eso tan complicado que es la unanimidad de tantas memorias como eran las que ocupaban el espacio, cada una con su arpegio que añadir. García-Alix me dijo que así tenía que ser, que era el cierre apropiado, el librero volviéndose libro. Luego cada cual deberá aprender a poner orden a sus huecos.