Opinión

La torpeza de Mazón y la lección a "malas personas"

TRIBUNA

Núñez Ladevéze | Lunes 03 de noviembre de 2025

Mazón concentró argumentos para explicar que dimite, ninguno que explique por qué no lo hizo a tiempo. Tras atender sus motivos, su actitud se comprende menos todavía. Sus torpezas engarzan con la estupidez de validar la palabra de Sánchez sabiendo que escuchaba a “una mala persona”. Es incomprensible que semejante estulticia le llevara a declinar el mandato de Feijóo de reclamar el estado de alarma. Tampoco ayuda a comprender que Feijóo se resignara a que la torpe credulidad de Mazón arrastrase a su proyecto político. Las consecuencias las sufren los valencianos. Al cabo de un año, hay más desasistidos que desasosegados por la inestabilidad emocional, más arruinados por la tragedia de los que han conseguido normalizar sus vidas. Estamos obligados a colaborar, pero no lo estamos a aceptar que la deuda contraída con la Comunidad valenciana se cierre con la dimisión de Mazón.

El torrente de Paiporta aviva el recuerdo. Sopesando los episodios de este año, lo único que se entiende es que, tras haber declinado la dimisión cuando debía, Mazón no diera después facilidades para irse. Cierto que su persistencia no favoreció las expectativas electorales de su partido; pero tampoco los de la miserable hipocresía de las izquierdas. Cierto que muchos manifestantes le abucheaban; también, que los abucheos fueron patrocinados por el fanatismo ideológico de una izquierda que buscó sacar rédito electoral abucheando y un Gobierno que trató de guarecerse del barro tras los abucheos. De esta agua enlodada, queda ahora impedir que un dogmatismo fanático salga políticamente impune para generar un nuevo desastre.

Mazón está asistido por una razón incuestionable para proseguir su mandato tras no dimitir. ¿Por qué hacerlo luego si no lo hacen también los directamente implicados en que las infraestructuras valencianas fueran inservibles contra la catástrofe? Si su estulticia nubló su conciencia para no renunciar por motivación político-moral lo que debió hacer al primer día, no hubo ya motivo para que solo él lo hiciera después. En esta legislatura no ha dimitido nadie con muchas razones acumuladas para dejar el asiento. Ante una izquierda desnortada por el sectarismo la dimisión carece de ejemplaridad. Se confunde Feijóo al decir “es una lección a los que nunca asumen nada”. En Andalucía ha quedado patente. La única concejala que en esta legislatura ha dimitido ha sido la de la sanidad andaluza. No ha servido de lección al acoso izquierdista que ha aumentado su presión para exigir que dimita el presidente de la Junta. Nadie solicita de García Page, ni del consejero de Asturias que dimitan por acumulación de mamograVas “inservibles”, ni tampoco reprueba la izquierda al exsecretario de Estado de Sanidad, médico, por cierto, que haya borrado de la web que las mamograVas son inútiles. La izquierda no asume lecciones. La corrupción las devalúa al premiar el Gobierno a los corruptos y aceptarlo su compañía asociada para asegurar su silencio. Como muestra de lección tenemos a un fiscal del Estado que no dimite, se enfrenta al Tribunal Supremo obligado por Sánchez. Es candidez confiar en que el adelanto electoral por Guardiola, tras ser rechazados los presupuestos, haya tenido algún valor ejemplar. Si alguien pensó que podría servir a que un Gobierno, en minoría parlamentaria desde que anunció Junts la ruptura, reconozca su impotencia por no presentar los del Estado, se habrá rendido a la evidencia. La dignidad no es

ejemplar ante quien ha hecho, de la indignidad moral, el patrón de conducta de una “mala persona”.

La catástrofe valenciana no debe acabar en que Mazón dimita por la indignación que ha suscitado su ligereza. Pasar página no haría justicia. Tiene que ser secundada por un proyecto que evidencie a los responsables del entuerto. No pueden olvidarse las imágenes que delatan al fugitivo de Paiporta, ni su falsa delación de que eran de ultraderecha las víctimas que golpearon su coche, ni su escandalosa huida mientras el Rey atendía a las víctimas. Al menos Mazón tuvo la honradez de no esconderse para eludir el enojo de los damnificados. No pueden pasarse por alto las dejaciones de la exministra Rivera, escondida mientras se apuntala a Mazón como si nada fuera con ella. Es responsable de haber ignorado los informes del Plan Hidrológico para prevenir tragedias. Si se camuflan tantos desamparos, se permite que solo la torpe ingenuidad cargue con el peso de los muertos.

La marcha de Mazón no puede ratificar el abandono valenciano como ha ocurrido con el volcán canario donde todavía se esperan las ayudas mientras el gobierno se va de rositas con Tito Berni. Se necesita réplica, un plan continuado de recuperación y respuesta para evitar que se esfume la infamia de “si necesitan ayuda que la pidan”. Las causas que han cegado el barranco no se amortizan con una dimisión. Hay que desenmascarar a los socios gubernamentales, cuyo fanatismo impidió fortalecer las infraestructuras que estos parajes necesitan recuperar. El fango de Paiporta es consecuencia de un fracaso de política ecológica cuyos responsables hacen hoy de don Tancredo.

Si los valencianos no lo entendieran así, las expectativas electorales del Partido Socialista y la de sus socios, en lugar de menguar o atrofiarse se hubieran disparado, y las del Partido Popular habrían menguado mucho más de lo que las encuestas de la Comunidad indican. Solo a Vox, a quien se ha dejado la iniciativa haga lo que haga el sustituto de Mazón, aprovecha esta situación. La principal decisión política, no moral, que tiene que ponderar Feijóo, es hasta dónde puede llegar para revertir su estrategia tras la dimisión. No puede renunciar a que el fugitivo de Paiporta, el ministro del Interior que negó las ayudas, la ministra de Defensa que impidió a los militares actuar profesionalmente, la incompetencia de la vicepresidente de Transición a la Competencia sean ante los valencianos los responsables directos de que los cadáveres humanos apestaran los cauces del barranco de Poyo a la Albufera.