Tenía razón Miguel Ángel Rodríguez cuando vaticinó que el fiscal general del Estado iría “p´alante”. De momento, está sentado en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo por presunta revelación de secretos. Y los testimonios de los testigos en los dos días de juicio celebrados están socavando su futuro judicial. En su declaración, la jefa de prensa de la Fiscalía General, Mar Hedo, ha explicado que la nota de prensa sobre el novio de Isabel Díaz Ayuso “me la dictó el fiscal general". Y la fiscal superior de la Comunidad de Madrid, Almudena Lastra, ha incriminado directamente a García Ortiz en la revelación de secretos al afirmar que se encaró con el fiscal general cuando le preguntó si había filtrado los correos, a lo que éste le respondió que "eso ahora no importa".
Las declaraciones de la jefa de Prensa y de la fiscal de la Comunidad de Madrid demostrarían que García Ortiz filtró los correos del novio de Ayuso y, por tanto, pudo cometer el delito de revelación de secretos. Y, presuntamente, lo hizo para perjudicar a una rival política de Pedro Sánchez, por lo que también incumplió la neutralidad que debe respetar escrupulosamente un fiscal general del Estado.
En su declaración, el propio González Amador ha acusado al fiscal general del Estado, de “matarme públicamente”, pues tras la publicación de la información sobre el pacto que ofreció su abogado al fiscal, se convirtió en "el delincuente confeso del Reino de España". "O me voy de España o me suicido", ha llegado a decir al final de su intervención tras sufrir la demoledora campaña del Gobierno. .Como reiteró en el Tribunal Supremo Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de Ayuso, “dije que el fiscal general iría p'alante. No era desacertado". Y no lo era porque, visto lo visto, García Ortiz no sólo pudo cometer el delito de revelación de secretos. También pisoteó la neutralidad de su cargo para complacer a su jefe, Pedro Sánchez, del que, como se sabe, “depende”.