Opinión

Naciones Unidas. A Trump, en su cara

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 06 de noviembre de 2025
Y no digo que en su jeta, porque puede haber niños leyendo esto. Hay una narrativa perversa y permisiva que omite cuestionamientos puntuales alrededor de la decisión criminal de Estados Unidos a bombardear barcazas en el Caribe y el Pacífico, pretextando, sin aportar pruebas, que son embarcaciones de narcos. La ley del más fuerte, simple y llana. Porque puedo, en pocas palabras.
Volker Turk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha instado a que Trump cancele esas “ejecuciones extrajudiciales” injustificadas a la luz del Derecho Internacional. Más claro ni el petróleo venezolano ambicionado por EE.UU., aunque lo nieguen sus defensores, que los hay y son recalcitrantes.
La medida unilateral, ilegal, se menciona sin atisbo de crítica o cuestionamiento por tales. Se alude y nada más, concediéndose la venia por omisión. Y si el medio de comunicación es proyanqui, menos se critica. Es inadmisible no tildar la medida de lo que es: criminal, excesiva, ilegal, brutal y descerebrada. Como su autor.
Pues bien, semejantes acciones bélicas se han pretextado supuestamente para detener al narco que, en efecto, circula por las aguas –como bien sabemos, hasta submarinos posee– y suma a colocar una base militar yanqui en Galápagos –finalmente y con acierto rechazada por Ecuador– que solo implica un despliegue de fuerza amedrentadora para los países vecinos y no para frenar al narco, ya que no es la manera de frenarlo ni hay un verdadero interés en hacerlo. Acabar con el narco es terminar con una gallina de los huevos de oro. Bancos, armadoras, dealers...no, no, es que resulta impensable. Y los yanquis lo saben perfectamente bien. Es su gran negocio. Otra cosa es que finjan estar cariacontecidos.
Ya se lo expresé hace unas semanas: Maduro es un impresentable, pero es ante todo, un estorbo para los yanquis. Que le venda su petróleo a los chinos, eso es lo inadmisible para los yanquis. Ese es el quid del asunto. Así se trate de Maduro. Y el narco que le atribuyen los yanquis beneficiarios de tal, es lo de menos.
Y, sí es por el contrario, acrecentar el negocio bélico por medio de ataques militares y presencia de buques de guerra en la región, todo sirve de amenaza a los países ribereños. La política yanqui antidrogas pinta para fracaso otra vez –como la DEA misma, otro fracaso– y para sumar simple listado de crímenes impunes de los yanquis contra la Humanidad hundiendo buques y lanchas, porque para que exista una oferta debe haber una demanda y hay una gigantesca demanda. Es el caso y justo lo que no combaten. Más claro, imposible.
Los yanquis han planteado de nuevo el pseudooxímoron de cuestionar a los proveedores en vez de reconocerse como los irredentos e incorregibles consumidores que nutren y arman el negocio. Callándose y evadiendo así, que son consumidores provocadores y corresponsables de esta realidad, pero sobre todo, que son compradores contumaces, paso previo y el más importante para que exista la creciente oferta del mercado, con lo cual regresamos a los discursos dicotómicos de los años 80. Punto muerto. Y solo se hacen tontos ellos solitos.
Su recalcitrante postura incluye inicuas certificaciones unilaterales a países diversos, lo cual es inaceptable proviniendo tales del país con más drogadictos del mundo y que en realidad ni combate a sus carteles internos ni efectúa campañas serias antidrogas internas y cuando que su sistema financiero es el gran beneficiario de los millones que mueve esta industria bien estructurada del crimen y no tiene la mínima intención de matar el negocio de millones.
Así que sale sobrando que cuestionen al resto. Estados Unidos carece de estatura moral en el tema para señalar a los demás, para certificar al otro sin derecho a ello y tal carencia de estatura moral existe en tantos otros asuntos, entrometiéndose.
Pues bien, Naciones Unidas con gran acierto y elocuente firmeza en su cara le ha dicho a Trump que la medida adoptada aquí descrita, bombardear embarcaciones, es ilegal, que violenta los Derechos Humanos. Desde Hispanoamérica se le señala que tales hundimientos de barcos son acciones sumarias violatorias de todos los tratados y convenciones internacionales que los protegen. Y así es.
Trump simula y no quepa duda alguna de ello, que pretende matar águilas con matamoscas. De pasada, su estrategia le sirve para imponer su ley que, a lo Viejo Oeste aplicando unas reglas de verdadero cuatrero, de criminal impune, se limita a disparar sin averiguar y solo enloda su bandera. Otra vez. Actúa cual si el mundo fuera tierra sin ley y su ilegalidad irrefrenable pretende aplicar la extraterritorialidad violando el Derecho Internacional. No es de recibo. Es imposble justificarlo.
Y todavía tiene mucha cara, él, su país y sus seguidores, para jeremiquear un premio Nobel de la Paz. Será uno de ¡pas! ¡pas! ¡pas! como la onomatopeya aplicable aconseja para una rafaga de balazos que es su verdadero credo.
Por cierto, hablando de seguidores, una trumpista me dijo que la gente que sigue a la izquierda, está enajenada. ¡Ja! ¿una trumpista hablando de enajenados? ¡por Dios! el chiste se cuenta solo si hablamos de enajenación y extravío. Ser trumpista viste y prestigia mucho menos, sin lugar a dudas. A mí sí me da penita ajena toparme con gente así, de tan baja estofa y ralea.
Retomo. ¿Estamos ante una nueva "política de las cañoneras" a lo injerencista e invasor Teodoro Roosevelt? considero que sí y no son buenos tiempos. No será exitosa con buques de guerra que supuestamente se fondean para detener el tráfico de drogas. Es evidente que así no se combate tal, pero prefieren ser omisos y hacer mejor eso a poner tropas en Miami o Chicago o Nueva York, justo tácticas que proponen y exigen a otros países que acepten con sus injerencias y sus tropas, pero no practican lo que predican en su propia casa, que es por donde debieran empezar y de ahí no salirse. No es admisible esas evasivas. Pero se evaden porque no es lo mismo amar que ser amado.
Recién Trump en su infinita diarrea verbal lanzó la tamaña gracejada de decir que Venezuela, Colombia y México formaban un trío del narco. Pobre idiota. Y que modestillo. Sorprendentemente modesto. Debió decir cuarteto. Sí, cuarteto, no trío. Ya metidos en gastos, su país, es el que más metidfo está, es el que funge como el dueño de la orquesta, el miserable que forma y sostiene el creciente e inocultable consumo y arma con sus armerías a los cárteles que luego acusa de criminales y poderosos, hipócrita y con un intragable discurso de doble moral. Valiente discurso faceto y de doble moral nivel engañaincautos las veces que haga falta repetirlo, no sea que nos despistemos y pretendan seguirse haciendo las víctimas y los desentendidos. EE.UU. tiene mucha cara, desde luego.
Recordemos una vez más la bonita anécdota entre el presidente mexicano Díaz Ordaz y el embajador yanqui de turno, cuando a mediados de los años 60 el diplomático recriminó al primero diciéndole que México era el trampolín de la droga a su país. ¡Uy! El mandatario mexicano reviró oportunamente, respondiéndole: “si nosotros somos el trampolín, ustedes son la piscina". En pocas palabras, es un tema compartido. No vale deslindarse. Dicho de otra forma: no se hagan tarugos, se acabará el asunto si aquellos cooperaran y EE.UU. realmente no coopera para exterminar el asunto, ya que el negocio millonario no ha de morir.
Total, que esos bombardeos yanquis que no propinan a sus propios buques, a sus propios narcos y a sus propios consumidores, son ilegales a juicio de Naciones Unidos. Saberlo, me basta y me sobra. Y no hay motivos para callarlo.