La música es una estrategia potencial, prometedora y accesible para ayudar a reducir el deterioro cognitivo y retrasar la aparición de la demencia en etapas posteriores de la vida. Esta es la principal conclusión de un estudio, que se difunde en International Journal of Geriatric Psychiatry, con unos 11.000 participantes mayores de 70 años.
El equipo de investigadores de la Universidad de Monash, en Melbourne (Australia) utilizó datos secundarios del estudio ASPirin in Reducing Events in the Elderly (ASPREE), y del subestudio ASPREE Longitudinal Study of Older Persons (ALSOP). Se incluyeron un total de 10.893 adultos australianos residentes en la comunidad, mayores de 70 años, sin diagnóstico de demencia en el momento del reclutamiento.
Se utilizaron modelos de regresión de riesgos proporcionales de Cox, para determinar la asociación entre el nivel de participación musical (escuchar música, tocar un instrumento y una combinación de ambos) y el riesgo de demencia a partir del tercer año. Además, los autores utilizaron modelos lineales mixtos para investigar la asociación con el bienestar cognitivo. Los análisis se ajustaron por edad, sexo y nivel de estudios.
Este trabajo, dirigido por Joanne Ryann y Emma Jaffa, revela que escuchar música constantemente se asocia con la mayor reducción del riesgo, con una incidencia un 39 % menor de demencia y un 17 % menor de deterioro cognitivo, así como puntuaciones más altas en cognición general y memoria episódica (utilizada para recordar eventos cotidianos). Mientras que escuchar y tocar música con regularidad se asocia con una disminución del 33 % del riesgo de demencia y del 22 % del riesgo de deterioro cognitivo.
Los puntos clave del estudio son los siguientes:
A tenor de lo expuesto y en opinión de Emma Jaffa, estos hallazgos proponen que las actividades musicales pueden ser una estrategia accesible para mantener la salud cognitiva en los adultos mayores, “aunque no se puede establecer la causalidad”.
Por su parte, la profesora Ryann enfatiza que “como actualmente no existe una cura para la demencia, es fundamental identificar estrategias para ayudar a prevenir o retrasar la aparición de la enfermedad”.
Para estas investigadoras, la evidencia sugiere que el envejecimiento cerebral no se basa únicamente en la edad y la genética, sino que también puede verse influenciado por las propias decisiones ambientales y de estilo de vida. Así, destacan que su trabajo sugiere que las intervenciones basadas en el estilo de vida, como escuchar o tocar música, pueden promover la salud cognitiva.
Los estudios ASPREE y ASPREE-XT recibieron financiación de los Institutos Nacional sobre el Envejecimiento, del Cáncer y de Salud; del Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica (NHMRC) de Australia; de la Universidad de Monash y la Agencia del Cáncer de Victoria.