Los Lunes de El Imparcial

Pilar Quintana: Noche negra

Novela

Domingo 09 de noviembre de 2025

Alfaguara. Barcelona, 2025. 272 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Carmen R. Santos



La literatura en español al otro lado del Atlántico se ha ido configurando con enorme poderío, con grandes maestros que están en la mente de todos. Baste recordar dos Premios Nobel, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa o la excelencia de Jorge Luis Borges. Ahora sigue en plena efervescencia, aunque, lamentablemente, a veces no llega a las librerías españolas toda la producción, y cuenta con figuras que reflejan que el listón se mantiene muy alto.

Un significativo ejemplo de ello nos los proporciona Pilar Quintana (Cali, Colombia, 1972). La cuentista y novelista colombiana no tiene una obra profusa, pero la que ha dado a la imprenta encierra una gran calidad, que la ha hecho acreedora de reconocimiento y alabanza. Así sus tres novelas, La perra (2017) -finalista del National Book Award en Estados Unidos y ganadora del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana y del LiBeraturpreis alemán; Los abismos -XXIV Premio Alfaguara de Novela- y Noche negra, que ahora publica.

Especialmente, Pilar Quintana crea muy logrados personajes con nombre de mujer. Lo hizo con Damaris, en La perra, y su drama de la búsqueda fracasada de la maternidad, y con Claudia, en Los abismos, que vuelve los ojos a su infancia y explora la vida familiar no precisamente feliz. Y vuelve a conseguirlo con Rosa, en Noche negra, quizá el mejor de todos.

Rosa es una urbanita que vive una cotidianidad convencional, y tiene un trabajo exitoso en Cali. Sin embargo, la amargura la puede. De aquí que, un día, tras conocer y enamorarse de Gene, un irlandés, con mucho de aventurero, que ha recalado en Colombia, decide abandonar la ciudad e irse con su pareja a la selva del Pacífico colombiano, para habitar en una casa que construyen con sus propias manos. Piensa que allí en un mundo supuestamente incontaminado serán dichosos. Gene debe marcharse para realizar unas gestiones administrativas relacionadas con su visado, y durante cuatro días Pilar permanecerá sola en una casa que aún no tiene puerta. No lo desea, pues la víspera del viaje de Gene le asaltan tenebrosos presentimientos: “A Rosa la despertó el silencio, extraño y frígido. Salió a mirar qué pasaba. Nunca había visto una madrugada tan negra y quieta, con la selva, las islas y el mar casi confundidos con la oscuridad. El mundo le pareció aterrador, como tomado por fuerzas ocultas”.

Allí, Rosa ha de enfrentarse a una serie de amenazas que la sumen en una angustiosa situación. Así, sus vecinos que se han quitado la máscara de educación, la acosarán y le harán veladas insinuaciones al saberla sola y vulnerable: Rosa tiene miedo, pero no deja de buscar maneras de defenderse. “Pasa los dedos despacio por la fría hoja del machete. Si vienen se fingirá dormida hasta que estén encima y entonces ¡chas! el machetazo”.

Y “en todas partes, alrededor, la selva lujuriante”, plagada de tarántulas, murciélagos, alacranes, culebras, jejenes… en una Naturaleza que se presenta peligrosa, violenta. Y, por si fuera poco, empieza a corroerle la duda de si Gene volverá o la ha dejado para siempre: “¿Él era capaz de abandonarla de esta manera? […] Todo es tan difícil en la selva, piensa al destaparlo, que es probable que Gene se haya cansado”. Y aún hay más: empiezan a atormentarle sombras del pasado, heridas sin cicatrizar, que se nos van desvelando para añadir inquietud.

Pilar Quintana conoce de primera mano la experiencia de vivir en la selva, y ello la legitima todavía más, si cabe, para deshacer el tópico de una bondadosa Naturaleza. Rosa y Gene persiguen una arcadia que aparecerá con su verdadero rostro infernal. Con elementos de thriller psicológico y novela gótica, y resonancias de El corazón de las tinieblas, de Josep Conrad, La caída de la casa de Usher, de Edgar Allan Poe, y, sobre todo, de La vorágine (1924), un clásico de las letras colombianas, de su compatriota José Eustasio Rivera, Pilar Quintana nos regala una novela rotunda. En el epílogo de La vorágine, leemos: “¡Los devoró la selva!”. ¿Sucederá lo mismo con Rosa? ​Adéntrense con ella en una selva tan exuberante como llena de peligros.

TEMAS RELACIONADOS: