AL AIRE LIBRE

EN ABIERTA CAMPAÑA ELECTORAL, SÁNCHEZ LA EMPRENDE CONTRA LAS AUTONOMÍAS DEL PP

Luis María ANSON | Miércoles 12 de noviembre de 2025
Pedro Sánchez no quiere trasladarse desde la silla curul del palacio de la Moncloa...

Pedro Sánchez no quiere trasladarse desde la silla curul del palacio de la Moncloa al banquillo de los acusados. Ha anunciado ya que se presentará a las próximas elecciones. Se esfuerza para que la convocatoria se produzca avanzado el año 2027 porque necesita completar su jugarreta del censo ampliado y otras varias que desconocemos.

Pero está ya en campaña electoral. Conoce el peso de las Comunidades Autónomas. Y ha comenzado a atacarlas sin piedad. Detrás de las manifestaciones en Valencia, Andalucía y Aragón está el PSOE. Si puede, hará saltar a varios presidentes de Comunidad. En todo caso, se esforzará por desprestigiarlos. Su ataque en el Congreso de los Diputados resultó demoledor. Pedro Sánchez va a por todas. Tiene enfrente a un hombre inteligente y capaz, cuarteado por de la indolencia que le provocan los agradaores gallegos. Alberto Núñez Feijóo se bate a la defensiva. Debería atacar. Sus presidentes autonómicos así lo reclaman. También un sector relevante de altos cargos y militantes del Partido Popular que no entienden ni las políticas de prudencia ni la inacción. El cadáver político de Sánchez no va a pasar gratis por la calle Génova. Con los dineros europeos y españoles, el presidente está dispuesto a comprarlo todo, a pagarlo todo. El líder sanchista va a vender muy cara su derrota.

Por lo pronto, Feijóo no está negociando ya, abiertamente y sin tapujos, una moción de censura. Él no puede ser el presidente. Debe aceptar un juez independiente o un sindicalista de prestigio como Nicolás Redondo Terreros. El Gobierno surgido de la moción de censura convocaría elecciones generales en el plazo mínimo que señala la ley. Y que el pueblo decida.

Que el pueblo decida ya, porque mientras más tiempo permanezca en el poder Pedro Sánchez más se robustecerán las jugarretas que, como la del censo, pueden cuartear las encuestas y dejar a Feijóo con dos palmos de narices ante las puertas de la Moncloa entre lamentaciones y perplejidades