Editorial

La condena al fiscal, la coartada de Sánchez para reactivar a la izquierda y dar un golpe “desquiciado” a la Justicia

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Sábado 22 de noviembre de 2025

Cuando está acorralado, como ahora con la histórica condena a “su” fiscal general del Estado, Pedro Sánchez es peligroso. Se convierte en una amenaza letal para la democracia y para el Estado de Derecho. Se revuelve como un animal herido, dispuesto a morir matando. Ha resonado en todo el mundo el bofetón que le ha dado el Tribunal Supremo, después de desgañitarse propugnando la “inocencia” del condenado. Una humillación que ha despertado sus instintos más perversos: el odio a la Justicia y la enfermiza obsesión por el éxito político, popular y, ahora judicial, de Isabel Díaz Ayuso. Y, como acaba de advertir la presidenta madrileña, “nos tememos que Sánchez esté preparando algo desquiciado para las próximas fechas”.

Animado por los bufones de Moncloa, ya prepara el indulto a García Ortiz y quién sabe si luego le nombrará ministro de Justicia, o de Igualdad, que es lo de menos. Porque Sánchez quiere vengarse del Supremo y, de paso, convertir al delincuente en un héroe de la causa, el ejemplo de guerrillero que ha combatido contra la derecha y el lawfare a pecho descubierto, aunque siempre bajo la toga de fiscal.

Lo más inquietante, sin embargo, llega con el unánime apoyo de sus socios para desbaratar el Estado de Derecho con la coartada de la sentencia. Todos ellos, prietas las filas, han despotricado contra el Alto Tribunal por asestar un “golpe judicial” a la soberanía popular, por la “gravedad institucional, política y mediática de los asesinos” de la derecha, por “el franquismo enquistado en el Supremo” o el “punto de inflexión” denunciado por Yolanda Díaz. Es el momento de reactivar a la izquierda, anestesiada por la corrupción del Gobierno. El terreno, pues, está abonado para que Sánchez, arropado por los golpistas catalanes, los comunistas y los herederos de ETA, asalte definitivamente el Poder Judicial con su ejército de magistrados “progresistas”. Como ha hecho con el Tribunal Constitucional. Así, la Justicia se impartiría desde Moncloa, Waterloo y la sede de Bildu. Así Puigdemont vendría a España como si fuera un héroe independentista y el terrorismo callejero tomaría las calles para amedrentar a los que se opongan al Gobierno.

Los socios “progresistas” que pueblan el Hemiciclo apoyarán a Sánchez para seguir disfrutado de sus mejores años políticos e impedir que se les acabe el chollo en su intento de aniquilar el “régimen del 78”. El líder socialista, en fin, tiene planeado ejecutar el golpe definitivo y “desquiciado” al Poder Judicial para salvar a su familia, a sus compañeros de viaje, a su partido. Y, así, perpetuarse en el poder. Aunque no hay que descartar que termine también sentado en el banquillo de los acusados por intentar aniquilar la Constitución.

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