Opinión

El PIB y la Dana

TRIBUNA

Jesús Lizcano | Jueves 27 de noviembre de 2025

El Producto interior bruto (PIB) es la medida más universalmente utilizada para cuantificar el tamaño y el crecimiento de la economía de un país, aunque tiene importantes limitaciones de cara a reflejar de una forma integral la situación y evolución tanto cualitativa como cuantitativa de una economía nacional. Es por ello que a la hora de medir el efecto económico de catástrofes naturales de muy diversa índole, la aplicación directa y exclusiva de su metodología deja bastante que desear a efectos de la verdadera significación económica de tales hechos, ya que ignora clamorosamente la destrucción de riqueza económica y el empobrecimiento originado en miles de familias. Vamos a hacer referencia seguidamente, en primer lugar, a lo que significa el PIB y su actual utilización generalizada por todo tipo de organismos, así como sus diversas limitaciones, haciendo una referencia específica a una catástrofe tan cercana en el espacio y en el tiempo como es el de la DANA acaecida el pasado año en la región valenciana.

Sin entrar en detalles sobre su metodología (es un sumatorio de muy numerosas y diversas magnitudes), podemos resumir que el PIB integra el valor total de los bienes y servicios finales producidos en un sistema económico. Este indicador se utiliza en una amplia variedad de informes, estudios y estadísticas, tanto a nivel nacional como internacional, y por tanto, en prácticamente cualquier análisis de coyuntura o pronóstico macroeconómico, comparativa internacional y estudio de la composición económica y sectorial de un país. Podemos hacer una breve referencia a algunos de los organismos más importantes que lo utilizan: a) El Fondo Monetario Internacional (FMI) utiliza el PIB para elaborar sus previsiones económicas mundiales y por países. b) El Banco Mundial lo emplea para clasificar países, y evaluar la eficacia de la ayuda al desarrollo y la inversión extranjera. c) Para la ONU, el PIB es la base para calcular contribuciones y para evaluar la ayuda al desarrollo. d) La OCDE publica sus análisis de estadísticas con el PIB como indicador central del crecimiento. e) Para la Comisión Europea y Eurostat este indicador resulta esencial para la coordinación de políticas económicas y la comparación estadística entre los países de la UE. Ya desde una perspectiva nacional, el Instituto Nacional de Estadística (INE) usa el PIB como el agregado económico principal en la elaboración de la Contabilidad Nacional, siendo igualmente una magnitud fundamental en los estudios del Banco de España, la AIReF, así como para los informes y planes presupuestarios de cada Gobierno, que lo utiliza para elaborar los Presupuestos Generales del Estado y los escenarios macroeconómicos a medio plazo.

A pesar de esa utilización generalizada del PIB, vamos a mencionar algunas de sus más importantes limitaciones: a) Paradoja de la reconstrucción: el PIB registra el valor monetario de la actividad, pero no considera si esa actividad es deseable. La reconstrucción tras una catástrofe (reparar carreteras, viviendas e infraestructuras) suma positivamente al PIB. Sin embargo, esta actividad es correctiva, no productiva. Se está gastando dinero para volver a un punto de partida, no para crear nueva riqueza neta. Es por ello que las actividades perjudiciales cuentan engañosamente como una mejora económica. Algo similar ocurre cuando un atasco de tráfico aumenta el consumo de gasolina, y por tanto aumenta el PIB. Una fábrica que contamina un río genera PIB, y la posterior limpieza también genera PIB, por lo que recoge así el lado bueno de los problemas, ignorando la disminución de bienestar.

  • Por otra parte, el PIB no mide la desigualdad en la distribución de la riqueza, ya que un país puede tener un PIB en rápido crecimiento, mientras que la mayor parte de la riqueza se concentra en un pequeño porcentaje de la población. El PIB per cápita es un promedio que puede ocultar grandes bolsas de pobreza y desigualdad, y el crecimiento no significa que todos estén mejorando por igual.
  • Además, ignora el agotamiento de los recursos de la naturaleza, ya que si un país tala sus bosques a gran velocidad para vender la madera, el PIB aumentará, sin embargo, está agotando su capital natural de forma insostenible. El PIB trata así la explotación de recursos naturales como un ingreso, no como una pérdida de activos. Tampoco contabiliza los costes específicos de la contaminación ambiental.
  • Por razones como las anteriores, desde diversos ámbitos se vienen proponiendo mediciones alternativas o complementarias al PIB, tales como: a) el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que combina longevidad, educación y condiciones de vida. b) Índice de Bienestar Económico Sostenible (IBES), que recoge variables como la desigualdad, el agotamiento de recursos y la contaminación. c) Índice de Felicidad Nacional, que integra factores como salud mental de los ciudadanos, reducción de la pobreza infantil, descarbonización de la economía y reducción de las desigualdades de la población. d) Informes de Crecimiento Inclusivo de la OCDE, que analizan cómo se distribuyen los beneficios del crecimiento. e) Índice de Theil, muy utilizado para medir las desigualdades del reparto de los ingresos dentro de un determinado país. Cabe señalar en relación con este tipo de indicadores que el Gobierno español ha anunciado que en un futuro próximo va a incluir entre sus mediciones y políticas los datos de desigualdad y pobreza de este país.

    Haciendo ya una referencia específica a la DANA que afectó el pasado año a la Comunidad Valenciana se puede dar la ya citada paradoja de que a pesar de los gravísimos daños materiales y personales, la actividad económica posterior puede provocar un aumento del Producto Interior Bruto (PIB) sin tener en cuenta que dicha catástrofe destruyó hogares, cultivos, negocios e infraestructuras, no apareciendo esa pérdida de riqueza en ninguna parte de la contabilidad del PIB, y sin embargo todo el esfuerzo de reconstrucción que se viene desarrollando hace más de un año -obras, reparaciones, reposición de bienes, servicios de limpieza, peritaciones, compra de maquinaria, trabajos de emergencia, etc.- sí está sumando como crecimiento económico.

    En el caso de la DANA, en definitiva, miles de familias vieron cómo sus viviendas quedaban inutilizadas, cómo perdían vehículos, enseres personales y herramientas de trabajo, además de que numerosas empresas agrícolas y comerciales sufrían daños irreparables (ello aparte de la dramática pérdida de vidas humanas). La magnitud de esta destrucción reduce de manera efectiva el nivel de riqueza de la región, aunque todo ello no queda reflejado en el PIB, ya que no está diseñado para registrar la desaparición de patrimonio, solo la actividad que genera su sustitución.

    En resumen, es probable que las catástrofes naturales van a ser cada vez más frecuentes en un contexto de cambio climático. Por ello, seguir confiando exclusivamente en el PIB para evaluar el progreso económico resulta insuficiente, ya que siendo una herramienta poderosa y de uso generalizado para medir la actividad económica de mercado en un periodo determinado, resulta claramente engañoso si se utiliza como única medición del progreso de un país.