Pero ¿contra quién se cree Feijóo que está jugando a las cartas? Pedro Sánchez no es un oscuro cacique gallego, sino un político curtido y extraordinariamente hábil. Perdió las elecciones en 2023 y se alió con veinte partidos para mantenerse en el poder. Ahora sabe que no pasará de la presidencia del Gobierno a la jefatura de la oposición, sino al banquillo de los acusados, y se está empleando a fondo para ganar las elecciones. Aparte de maniobras en Correos y trapisonderías informáticas que desconocemos, Sánchez ha visto claro el camino a seguir: la manipulación legal del censo.
En los últimos dos años he dedicado una decena de artículos a desvelar la operación sanchista sin que en Génova se hayan dado cuenta del alcance de la maniobra censorial. Ciertamente me faltan cifras contrastadas. Una sobria información de Miguel González, publicada en El País, aclara ahora muchas cosas. Resulta que la nacionalización de hijos y nietos de los republicanos que en 1939 se fueron al exilio navega viento en popa y a toda vela. Más de un millón han solicitado esa nacionalización y la mitad de ellos la han conseguido, según afirma González. El sector sanchista consular trabaja de forma infatigable para resolver el proceso nacionalizador del otro medio millón.
Aún más. Resulta que 1.300.000 más, amparados por este renglón sanchista, hace cola en los consulados con el fin de entregar la documentación que les permita convertirse en españoles. A toda esta marea de cifras habrá que sumar la de los inmigrantes nacionalizados que se cuentan por centenares de miles y que reciben la ayuda económica del mínimo vital, del acceso a vivienda, más otras cantidades según el número de hijos. Es decir: estamos ante la compra descarada de votos para las elecciones generales.
A Pedro Sánchez le conviene consumar la legislatura y añadir en los próximos dieciocho meses varios centenares de miles de nacionalizados más que puedan participar en las elecciones generales. El lector ni siquiera se preguntará a quién van a votar los inmigrantes nacionalizados y subvencionados o los hijos y nietos de los republicanos exiliados en 1939. Tal vez la mitad de ellos no se molestarán en acudir a las urnas, ni siquiera por correo. Pero quizá el noventa por ciento de los que vayan a votar lo harán en favor de Pedro Sánchez.
Esta es la situación pura y dura que los agradaores gallegos que rodean a Alberto Núñez Feijóo no le cuentan al presidente del Partido Popular. Da la sensación de que en Génova no saben con quién se está jugando las castañas.