Opinión

Esplendor generoso de amores

TRIBUNA

Luis Bravo | Domingo 07 de diciembre de 2025

Una de las virtudes de aquellos autores a los que consideramos clásicos es que no dejan de suscitar análisis en torno a ellos y estos se superponen y, más importante, conviven en aparente armonía. Del Siglo de Oro tenemos que agradecer que la nómina de los mismos sea abundante, aunque remita a unos pocos nombres de sobra conocidos. Igualmente, a pesar de la redundancia, su relectura y ocasional oleada de popularidad remozada viene a justificar su grandeza, irónicamente, al hilo de una época en la que toda esa grandeza contaba los minutos para su derrumbe.

Los motivos estaban claros para que el poeta y escritor Luis Antonio de Villena se decidiera a reunir en su libro, Diamantes, mística y cilicios. Secretos y pasiones en el Siglo de Oro, una serie de textos tratando las figuras más representativas de esa época dorada de las letras españolas, un ensayo aumentado y revisado respecto a una versión más discreta publicada en 2022 por encargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, como indica en el prólogo. En nuestros días de —casi— auge y revisión de los motivos místicos y los coqueteos de la religión con la cultura pop y viceversa, que no son temas novedosos bajo el sol, el ensayo de Villena se suma con la independencia salvaguardada, aportando pero no contagiándose de la febrilidad, manteniendo la suya a la hora de hablar de esos tan ardorosos personajes.

Ninguno falta a la cita: Garcilaso de la Vega, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, el mito de Don Juan, Francisco de Aldana, el conde de Villamediana, y entremedias un paréntesis mitológico referido a Ganimedes por el soneto de Juan de Arguijo. La horquilla es más amplia por la decisión de Villena de considerar como siglo y medio el que posibilitó el emblemático poder cultural, vinculado notoriamente a la hegemonía nacional y de ultramar de la Casa de Austria. Pero en estas páginas lo primordial es la literatura y la visión que todos compusieron desde su singularidad a propósito de la devoción religiosa, o más profanamente, de los amores que relumbraron, fueran al amparo de la fe o de la idea platónica del ser amado o del atrevimiento por alzar la voz sobre el sexo y las sexualidades prohibidas.

Las glosas de Villena acercan al lector a los místicos desde una llaneza que incide más en los análisis permitidos por los poemas de cada uno, yendo al grano respecto al tema del ensayo, la relevancia de todos sus escritos y ellos como escritores y a su vez la lectura oculta que todavía no se había recalcado lo suficiente; la carnalidad, el exceso de remilgo con el que se les ha representado de cara a la historia, la dimensión erótica de sus líricas. Así, el poeta madrileño busca el temblor en esos cimientos pacatos que acaban haciendo de los grandes personajes unas frías estatuas de mármol, limadas sus aristas y angelizados, cuando en realidad fueron todo lo contrario, más humanos y contradictorios, naturalmente, más gallardos y difíciles, sin restar elegancia.

El rescate de Juan de Tassis y Peralta, segundo conde de Villamediana y correo mayor del reino, es el capítulo último y más largo, donde uno puede sentir la cumbre del libro por coligar las singularidades de todos los anteriores citados y el espíritu de sus literaturas. ‘Persuasión eficaz de mi tormento,/ que parezca locura y devaneo,/ lo que es amor, lo que es conocimiento’, dice uno de sus poemas, y estos parecen quedarse en poco si son acompañados del comentario de su vida, excesiva, libertina y trágica. De cada uno de ellos, este libro recibe la suerte y la gracia de que pervivieran por el esplendor generoso de sus amores.