Sí, una realidad reveladora y una excelente noticia. En las declaraciones de la renta los contribuyentes favorecen cada año un poco más a la Iglesia Católica. Frente al laicismo galopante en televisiones y radios públicas, frente a la protección indisimulada de la religión islámica y sus mezquitas, resulta que españolas y españoles siguen manteniendo el alto concepto de lo que significa la Iglesia Católica en nuestra vida social.
La x en el recuadro en favor de la Iglesia Católica ha crecido en 16 de las 17 comunidades autónomas españolas, rozando los 8 millones de declaraciones y alcanzando casi la cifra de 430 millones de euros. Son datos incontrovertibles. España sufre como toda Europa un proceso de descristianización histórica que se incrementó desde la conclusión de la II Guerra Mundial. Pero el catolicismo se mantiene fuerte en España, sobre todo porque en contra de lo que suele afirmarse, los jóvenes están presentes en las manifestaciones de la religión tradicional.
Movimientos como el catecumenal vertebran la presencia de la Iglesia Católica y de los principios de derecho público cristiano en las nuevas generaciones. Juan Pablo II, el Papa hoy santo, manifestó su sorpresa y alegría al comprobar en sus viajes a España la presencia de las nuevas generaciones en todas las manifestaciones a las que asistió.
Cierto es que los rectores de la Conferencia Episcopal han decidido mantener un papel que no provoque debates ni polémicas. Cardenales y obispos saben lo necesario que resulta adaptar la Iglesia a las exigencias de los nuevos tiempos, sin desmerecer, claro es, la verdad dogmática sobre todo si se tiene en cuenta la disminución de las vocaciones y que, éstas, sí, se encuentran en un alarmante declive. En todo caso, habrá que reconocer la satisfacción que produce comprobar cómo ocho millones de contribuyentes subrayan al rellenar el recuadro correspondiente su contribución a la Iglesia Católica.