Opinión

La responsable irresponsabilidad del Gobierno y sus apoyos

TRIBUNA

Pedro Gago | Jueves 11 de diciembre de 2025

El Gobierno está cumpliendo su proyecto que consiste en no resolver nada, ni mejorar las condiciones de vida de la sociedad. No tiene intención de arreglar el deterioro que ha sufrido el País desde hace años, sino de agravarlo más. Se trata de deconstruir. Lo ha planteado como una camuflada guerra revolucionaria de aniquilación, una guerra civil fría (P. Virilo), que llevará a la desarticulación y desintegración del Estado y, finalmente, a la desaparición de la Nación. Se llevará por delante la comunidad jurídica, y por tanto la unidad del pueblo, cuando menos en el sentido normativo (Kelsen). Se acabaría con la ley común que une a los individuos en un “vínculo duradero”. Lo está logrando al debilitar a la población con constantes expropiaciones materiales –infierno fiscal- desmoralizando y esparciendo ampliamente la corrupción. Apoyado por la gobernanza burocrática, no se detiene en tomar medidas para hacer desaparecer el imperativo ético de relacionarse solidariamente con el otro y de estimular la competencia por adquirir derechos privilegiados (D. Negro). Pretende que el individuo sea indiferente a lo común, poniendo el máximo interés en generar el desprecio o el odio patológico al otro. Si la realización social es una tarea del Estado Social de Derecho, el Gobierno lo ha convertido en una realización bioideológica, cada vez más disparatada, sembrando por doquier movimientos parcelarios caóticos. A diferencia de lo que sostiene la teoría política que el poder tiende naturalmente a crecer, el Gobierno colectivista antiespañol –que se cree la sociedad en movimiento- y sus apoyos, está demostrando cómo el poder se puede reducir voluntariamente. ¿Obligado por fuerzas externas? Aunque quiere conservar la suficiente potencia para limpiar los estertores del demoliberalismo y otros pensamientos no colectivistas. En esta situación hay que volver a recordar la importancia del dios determinista del progreso que marca decisivamente la historia. A él se debe la elección

de los integrantes del Gobierno y otros muchos que viven de la política. Ha valorado que en el ánimo de sus componentes esté servir a los demás, entregándose desinteresadamente a la filantropía institucional, así como su perpetua solidaridad con los que sufren. Fueron escogidos por carecer del mínimo interés por el dinero, hasta perseguir vivir como los más pobres y en consonancia con la ética fluida igualitaria, por lo cual han decidido desprenderse de todas las propiedades o rentas. Practican una filosofía de extrema sobriedad, lo que enriquece sus capacidades intelectuales ya de por sí ilimitadas –el doctor

Sánchez cabalgando en el lomo del búho de Minerva sin esperar al crepúsculo-, y que a causa de su natural modestia no quieren hacer públicas.

Estos rasgos tan excepcionales de los políticos y del intelectualismo, solo podrán ser percibidos si el ciudadano pasa mentalmente a otra dimensión. En ella comprobará que en el fondo de las actuaciones perjudiciales para la sociedad se esconde una actuación política solidaria y muy favorable para la humanidad. Especialmente destinada a los pueblos más próximos y progresistas, como Marruecos, Venezuela o Cuba y a la ecologista oligarquía burocrática de Bruselas. Este desprendimiento del colectivismo antipatriota, abre una nueva vía en las relaciones internacionales, al hacer del Pueblo español un modelo universal de filantropía colectiva que se niega a sí mismo y que sin duda seguirán las demás naciones.

Estas coloridas actividades solo se podrán entender al descubrir que la historia camina principalmente con dos tipos de valores antinómicos. La cruz destructiva ligada a la cara constructiva, que dará paso a una síntesis apoteósica con la consecución de la historia. La destrucción es creación, es vida en peregrinación hacia la consumación de la sociedad querida. Por eso, los miembros del Gobierno y los adláteres de los otros partidos, aunque aparenten una siniestra oscuridad, en realidad son deslumbrantes estrellas del progreso. Han sido habilitados por los dioses para destruir todo, empleando la astucia y el engaño, incluso recurriendo al odio –utilizándolo ideológicamente como categoría política-, a fin de que al mismo tiempo sean unos constructores inmanentes a la existencia del tiempo consumado. La demolición de la “señora moral” (Marx) por el Gobierno, convierte a España en otro modelo universal de revolución atemperada, basada en una inteligente estrategia que no quiere imprimir demasiada rapidez al movimiento para no provocar reacciones adversas.

Lógicamente, para llevar a efecto este proceso, el Gobierno y sus apoyos, deben carecer de una moral de responsabilidad (M. Weber), por lo que no pueden admitir la transparencia democrática, ni ser controlados por las instituciones y menos por la sociedad. Sólo son responsables ante Prometeo. Sus convicciones les exoneran de cualquiera de los negativos efectos en la acción política, ya que sus actos manejados por la astucia del progreso siempre serán consecuentes y sus efectos los previstos.