El liberal concitó el 58,1% de los votos frente al 41,8% de la candidata de la coalición de izquierdas, la comunista Jannette Jara, en un proceso con sufragio obligatorio por primera vez en unas presidenciales, en el que el voto blanco y nulo se multiplicó respecto a la primera vuelta.
En su primer discurso como presidente electo, Kast, seguidor de la secta católica Schoenstatt, agradeció su victoria a Dios, al que le pidió sabiduría y templanza para un gobierno que arrancará el próximo 11 de marzo. "Nada sería posible si es que no tuviéramos a Dios. Y eso es algo que no podemos dejar de reconocer. Nada ocurre en la vida para los que somos de fe, que no sea en relación directa con Dios. Y ahí decir que para mí es un honor, una tremenda responsabilidad el mandato amplio que hemos recibido hoy día", afirmó.
Kast apeló a la unidad del país, prometió gobernar "para todos los chilenos", agradeció el apoyo del libertario Johannes Kaiser, a la derecha tradicional y a su líder, Evelyn Mzathei, hija de un general de la junta de Pinochet, y valoró el "coraje" de su rival, para la que pidió respeto a pesar de las diferencias.
Igualmente repitió sus políticas represivas para contener la migración irregular y la violencia, pero atemperó el tono y, sobre todo, rebajó las expectativas que alimentó durante la campaña al pedir paciencia porque los cambios "no se pueden hacer en poco tiempo".