Opinión

Emergencia y verdad

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Lunes 15 de diciembre de 2025

Las acusaciones cruzadas entre los partidos de la gran alianza socialdemócrata han adquirido una gravedad absoluta. Se ha venido abajo el entendimiento sobre el que se sostuvo el equilibrio político tras la última gran guerra, contando con el crecimiento económico constante. ¿Es ese crecimiento insustancial lo que se acaba? Los partidos del acuerdo se han echado al monte y buscan cobrarse de cualquier modo cualquier pieza. Víctimas afligidas por su pasado se lanzan al rostro los muertos de muchos años sin asumir su simultánea condición de verdugo implacable. Se busca en vencedores y vencidos la clave de la nueva venganza.

La desfachatez con la que el gobierno mantiene su posición en la charca pestilente de sus compromisos con la izquierda planetaria, cuya semejanza con viejas internacionales es una burla, se refleja en el rostro dolorido de los que, en la derecha, se rasgan las vestiduras ante los ataques del activismo periodístico y asumen una subordinación adaptativa al dominio de la tecnocracia expansionista. Se patrocinan campañas de reconversión de criminales en pacificadores, se desentierran los muertos para pintarles la cara.

Entretanto la situación de emergencia se agrava rápidamente. Los nenes y nenas bien reclaman diversidad étnica y multiculturalismo con una irresponsabilidad que sólo pueden mantener en sus residencias privilegiadas, en sus áreas amuralladas. Deslumbrantes pensadores que quieren abolir la familia y la reproducción nos exigen acoger multitudes de extraños, mientras imparten doctrina en la Soborna o en Harvard. El mundo se mueve y sus partes históricas, que ya no son estados nacionales, se disponen a la depredación de recursos, entre los que se cuentan las mismas poblaciones. Suele nombrarse petróleo y tierras raras, pero sabemos que se trata también del sol, del aire o el agua porque la devastación productiva ha llegado a los elementos. Y al final está la energía humana que se exprime haciendo de la vida potencia, magnitud y eficacia.

La incesante revolución que se prolonga desde hace siglos agota el aire que alimentaba su fuego. ¿Se apagará, sin embargo, con una gran explosión o la nada resultará de un lento proceso de extinción? ¿Alguien aportará otra vez material para su combustión renovada? ¿Qué es lo que ahora ha de arder para seguir en marcha hacia la nada?

Se diría que alcanzamos ahora la más extrema corrosión de los vínculos personales que ha venido acompañando al curso del gran progreso industrial: con su explosión productiva, con su dominio científico del mundo, con su abundancia y su miseria selectivas, con su multiplicación del rendimiento y del consumo, con su banalización extrema del tiempo de la vida. Nos equivocaríamos porque es insondable el fondo del vacío que nos aguarda.

La ruina de la vida común, es decir: de la vida, se manifiesta como una cobarde desconfianza que extiende un temor sin forma y una prevención enfermiza en el trato. La ansiedad masiva es el efecto de un recelo que no descansa, de un temor que nos castiga a la vigilancia constante sobre el prójimo en el que sólo vemos al enemigo más cercano.

En esta situación únicamente la más rigurosa veracidad puede ofrecer una salida. Decir la verdad a cualquier precio y extender la mano desarmada con el riesgo de ser mordida por las hienas. Decir la verdad contra la corrección, contra el humanitarismo abstracto, contra las evidencias biempensantes, contra el gruñido que se reclama pensamiento. Enfatizar la cortesía y cuidar el lenguaje para asumir la objeción en cualquiera de sus formas, pero desactivando su carga para entregar la verdad desnuda.

La verdad es condición de la libertad. La verdad mayúscula y soberana que atruena esos oídos ahítos de palabras necias: siempre envueltas en el aire sentimental de los derechos individuales, en la atmósfera irrespirable de la libertad de elección con la atención esclavizada, en la doliente cadencia de las víctimas innumerables que esconden garras de metal tras su voz afligida. Víctimas dispuestas siempre a hacernos pedazos.

El riesgo es enorme pero la situación crítica exige hablar de verdad y llamar a las cosas por su nombre. El que venza el temor y afronte el riesgo obtendrá el poder en mitad de la catástrofe de nuestros días.