Opinión

Soñar con una estrella de la NBA

PÁLIDA CONDENA

Miguel Ángel Gómez | Miércoles 24 de diciembre de 2025

Soñé con Joe Dumars, en diciembre, seductor de capa y espada, sintiéndome como un fantasma. Estaba con la camiseta de los Pistons, hizo un esfuerzo sobrehumano para volver a la vida deportiva. Buenas noches, Joe Dumars, minucioso, observador, buenas noches. Te recuerdo en las finales de la NBA de 1989, en acción, la retina y la sensibilidad persisten, mientras lideras a los Detroit sobre los Lakers para ganar tu primer título.

¡Carmelo Palacios dice que eres tremendo, con oros, magnificencia, guerreador de la pelota, que nos regalabas noticias urgentes de lo perpetuo! Manos reventadas de haber vivido. Vuelves a mis ojos después de tanto tiempo, y no andas perdido ni con zapatillas demasiado grandes para ti. Vienes a mi sueño para estabilizar el espíritu, liberarnos de nuestras penas.

¡Canastas míticas y cósmicas, canastas de líder sin perder tu capacidad de mantener y sostener la corriente! ¡Canastas como golpes cristalinos! ¡Canastas que pueden herir a cualquiera, el asesino silencioso hacer llorar y reír como Charlot! Grito en mi sueño, Joe, advierto que no hay nada ya que me sorprenda mucho. Pues bien; ahora te voy a decir muchas cosas.

La NBA no es la fecha límite de traspasos ni los acuerdos más significativos, no es ver a Mikal dándose otra hemorragia nasal, no es escuchar a Darko Rajakovic diciendo sobre Brunson: “La misma conversación: podría poner a Luka y Jokic… juegan a su propio ritmo”. Sí es, Joe, el 21 de noviembre de 1992, cuando Wilt Chamberlain se unió a Patrick Ewing, de los New York Knicks y Shaquille O’Neal, del Orlando Magic, para un saque inicial, en el Madison Square Garden. Son: los saltos de Jordan con sus ojos oscuros y brillantes y cálidos. Es: Walt Clyde Frazien anotando 2 tiros libres para darle a los Knicks una ventaja de 1 punto con 2 segundos restantes (Los Knicks, con 23-1, anotaron 6 puntos en 16 segundos para coronar una remontada loca y ganar su 18º partido consecutivo).

Son tus canastas a través de la interpretación, de la unidad mágica. Miguel Delibes lo decía, en su Diario de un cazador: “¡La madre que los echó! Con la perdiz hice once codornices. Marré un solo tiro, por precipitado”. Marrar pocos tiros, General Irreductible, entre aquellos gigantes. Después de la fiesta puede venir un adormecimiento, un sentimiento de impotencia y de fracaso. Llegaron otros nombres, como el tuyo, milagroso. Sueños perdidos tropezando o vacilando, siguiendo adelante, para volver sobre los pasos y tachar las jugadas equivocadas, como palabras.

Fallar un triple, pero después del rebote, mantener viva la jugada y pasar el balón a alguien para un mejor tiro.

¿Se están pitando más faltas esta temporada, Joe? ¿No vimos hace cinco años un mínimo histórico en el primer mes de la temporada? ¿Tuvo Jalen Green el peor porcentaje de asistencia de quien lanza 17 tiros de campo o más (sí, peor que Cam Thomas)? ¡Hamburguesas, Joe! ¡Perritos calientes! ¡Medallones de ternera en bocadillo! ¡Queso mantecoso! ¡Cocacola! ¡Champán! Buenas noches, Joe Dumars, buenas noches, eras Louis Armstrong, Albert Camus, el Chaplin de Tiempos Modernos, Baudelaire, zapatillas elegantes sin ser demasiado prietas, ni demasiado agarrotadas.

Quiero volver a lo de antes, Joe, sí, Joe Dumars. Pálidos fantasmas hurgan entre los recuerdos y las imágenes. ¿Qué otra cosa puedo esperar? ¿Tan extraordinarios sois? En mi sueño, en este cubículo introspectivo, me siento como Jack Nicholson en el nido del cuco respirando de forma exagerada y feliz, muy hondo y haciendo mucho ruido.