Los Lunes de El Imparcial

Dolores Reyes: Cometierra

Novela

Domingo 28 de diciembre de 2025

Alfaguara. Barcelona, 2025. 184 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Soledad Garaizábal



“— Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender.

— No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra.

— aflojá de una vez (…)”.

Estas son las primeras frases de Cometierra. Desde el inicio, ya en las primeras páginas, quedan patentes algunas de las características de la novela que en 2019 lanzó a la fama a Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978), disponible ahora en España gracias a su publicación a cargo de la editorial Alfaguara.

La primera es que está escrita en castellano rioplatense, ya que se desarrolla íntegra en un barrio pobre de Buenos Aires y tiene como protagonistas a personajes que se desenvuelven utilizando un dialecto argentino muy marcado, muy villero, coloquial y juvenil, lleno de giros y formas verbales derivadas del voseo bonaerense.

La segunda característica que se vislumbra desde el principio es el marco simbólico en el que se encuadrará toda la trama, delimitado por las palabras vida/muerte/tierra, un trío de significados entre los que se anuncia como asunto principal la posibilidad de comunicación entre vivos y muertos, muy al estilo de Rulfo y del realismo mágico americano en general, con ese intento de exploración del umbral a un lado y otro de la frontera de la vida.

Dolores Reyes consigue en pocas páginas sumergir al lector en una cruda realidad de pobreza y desamparo. Es una novela con fuerte carga social, impactante. Tanto en la descripción del ambiente marginal como en algunas escenas de sexo explícito, la autora mantiene un tono directo y brutal, lejos de toda posible censura. La historia está protagonizada por una niña que crece en un hogar dominado por la violencia machista y que, desde muy pequeña, empieza a comer tierra como forma de protesta y método para llamar la atención.

Come tierra, siente una cucharada de tierra en la boca, se llena la boca de un montón de tierra, mastica, la tierra transformándose en barro entre los dientes, manchando las encías, la lengua, traga tierra. Cuando come tierra, ve cosas. La Cometierra, de la que nunca llegamos a conocer su nombre, tiene un don; a través de la tierra que habitaron las personas puede ella visualizar sus últimos instantes de vida.

La profunda aspereza del entorno hostil y del tema se complementan con un universo poético cruel, violento y tremebundo. Chabolismo y suciedad, desamparo, gallos muertos, comedores sociales, navajas, violencia callejera, desesperanza, y un patio de casa en el que, a medida que se van conociendo las extraordinarias capacidades adivinatorias de la muchacha, empiezan a acumularse botellas marcadas con un nombre y una dirección y rellenas con la tierra que pisaron antes de desaparecer decenas de personas, principalmente mujeres y niños, a los que sus familiares siguen buscando.

Ya pueden imaginarse lo desagradable que resulta, primero, asistir como lector al acto de tragar la tierra y, después, a las espantosas descripciones de las imágenes, como fogonazos del horror, que la niña puede ver; cuerpos de mujeres violadas y torturadas, cadáveres de niños abusados, personas brutalmente asesinadas que se le aparecen en esos estados de trance y que pueden dar pistas clave para que se reanude o intensifique la búsqueda de decenas de desaparecidos.

Con su primera y controvertida novela Dolores Reyes ha conseguido llamar la atención de amplios sectores sociales y culturales, arrastrados a la polémica de si exponer tan dolorosa realidad, la del “feminicidio”, justifica una obra tan brutal. De lo que no hay duda es de que la obra utiliza el “gancho de lo paranormal” para adentrarse en el más crudo realismo social y, además, sirve para ejemplificar el valor de la literatura de denuncia, que pretende llamar la atención y buscar solución a problemas reales.

Dolores Reyes, en 1923, ha publicado una nueva novela. En esta ocasión se titula Miseria y no parece que vaya a trasladarnos a un jardín de rosas precisamente, aunque nunca se sabe.

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