Cultura

Tatiana Solovieva: “Muchos Von Rothbart vienen con sus mentiras, pero el amor triunfa”

ENTREVISTA

David Felipe Arranz | Lunes 29 de diciembre de 2025

Es la productora rusoespañola más querida por el público y con más experiencia por nuestro país, donde lleva desde 1992 representando balés de altísimo nivel, y desde 1998 con su productora teatral, el Ballet Clásico Internacional, piezas del genial Tchaikovsky, como El lago de los cisnes (1877) y El Cascanueces (1892), o Giselle (1841) de Adolphe Adam. En España ha sufrido desde febrero de 2022 hasta este incipiente 2026 la cancelación contra la mayoría de los artistas rusos, a pesar tener la doble nacionalidad desde la década de los años noventa. Pero ella es una mujer extraordinariamente positiva y romántica, y se fue con sus bártulos a otras naciones y tierras que sí la querían, como Australia, Nueva Zelanda, Chipre, Polonia, Hungría, Rumanía, República Checa, Suiza, Italia, Francia o Portugal. La gira de este año comenzó en septiembre, ha sido aclamada el pasado 25 de diciembre en el Teatro Zorrilla de Valladolid y acabará en marzo de 2026, aunque en Barcelona y Madrid se extenderá a los meses de verano.

Tatiana se graduó en la Academia Gnessin de Moscú como musicóloga. Antes de completar sus estudios, trabajó como cantante y bailarina en el Teatro Musical de Moscú dirigido por Vladimir Nazarov, con el que realizó varias giras por España. Con Tatiana Solovieva Producciones S.L. ha organizado giras internacionales con prestigiosas formaciones como el Ballet Imperial Ruso, el Ballet de San Petersburgo, el Ballet Clásico de Moscú, el Ballet Tchaikovsky de Perm, los Cosacos de Rusia o el Ballet Igor Moiseyev, entre otras, y sus versiones han recibido reconocimientos como el de Mejor Espectáculo de Danza en el Teatro de Rojas de Toledo y en Vigo. Ha promovido también intercambios culturales, llevando a Rusia a la Compañía de Antonio Gades o a Paco de Lucía. Es autora del volumen Entre dos orillas. Un recorrido vital con el ballet y la historia como protagonistas (2022, Ediciones Fides): más de 570 páginas ilustradas con abundantes fotografías, carteles y reseñas, y estructurado como una matrioska. Hoy, nos quedamos ensimismados una vez más con sus conocimientos sobre la historia del ballet ruso, el folklore, sus queridísimos coreógrafos legendarios y su rol como embajadora de la danza, pero sobre todo con sus reflexiones sobre la bondad, la verdad y la belleza que comparte con nosotros y nuestros lectores.

¿Cuánto tiempo lleva produciendo El lago de los cisnes?

Recuerdo cuando la estrenamos en septiembre de 1995 en el madrileño Teatro de La Vaguada; después, a finales de la década la movimos en varias giras y, a partir de 2005 y con la colaboración de varias compañías, la representamos cada año en el Teatro de Gran Vía, ya incluso en 2014 con mi propia compañía y el Ballet de San Petersburgo de Andrey Batalov, hasta que me cancelaron por ser rusa en 2022, cuando Putin invadió Ucrania. También cuento en mi repertorio habitual figuran desde los inicios Giselle de Adolphe Adam, la Suite de don Quijote de Ludwig Minkus y coreografía de Alexander Gorsky y piezas breves como el “Capricho italiano”, “La muerte del cisne” o la “Polonesa” de Eugenio Oneguin, según Maya Plisétkaya.

¿Cómo trabaja a la hora de producir estas piezas memorables?

Yo elijo a la compañía, al director y a los solistas; en este caso, a la bailarina ucraniana Elizaveta Sávina, que es de Krivói Rog, se ha formado en la Escuela de Ballet de Bolshói e interpreta a Odette, y al director de la versión, Andrey Sharaev, que se formó en Moldavia y actualmente reside en Moravia. También cuento con la ucraniana Maria Litvínova –cuyo padre trabajaba en el ballet de Moldavia– y Alexander Litvinov, de Moldavia, que han sido solistas del Teatro de Dnipró. Siempre trato de escoger a los mejores artistas de las mejores compañías, y Sharaev provenía del Ballet Imperial Ruso como solista. Tambien, al mismo tiempo, he ido haciendo un elenco más o menos estable desde antes de 2014 y nos hemos ido juntando poco a poco como una gran familia artística, y que en Europa hemos bautizado como European Classical Ballet.

¿Cómo conoció al director Sharaev?

Fue providencial: en abril de 2009, cuando estábamos a punto de representar Giselle en Semana Santa en Madrid con el Ballet de Camagüey, el legado de la escuela cubana de ballet, y me anunciaron desde el otro lado del Atlántico que el barco que tenía que traer todos los decorados y el vestuario se retrasaba dos semanas. Lógicamente, mi situación era crítica: entonces apareció Sharaev y me salvó la función con su ballet de Moldavia, me trajo en un camión con su equipo todo lo que necesitábamos y me salvó los trastos –nunca mejor dicho– y la función entera de manera rápida y echándose a la carretera y atravesando Europa hasta Madrid. De manera que lo contraté ya para los siguientes, que fueron La Bella Durmiente y El Cascanueces.

¿Por qué cree que la han cancelado en 2022?

Bueno, lo hicieron muchas instituciones españolas siguiendo una política antirrusa contra aquellos artistas que teníamos un origen ruso, sin atender ningún otro criterio. Empezaron a suspenderme las funciones en el Teatro EDP de Gran Vía –ahora Teatro Gran Vía– hasta hoy, que parece que volvemos este verano, y el Festival de Mérida también me suspendió ese año Espartaco con música de Kachaturián, al igual que varios espectáculos en Zaragoza y en Cartagena. En Madrid, por ejemplo, hace tres años que no puedo representar: he estado vetada hasta ahora.

¿Qué representa para usted El lago de los cisnes?

Es una obra sobre el triunfo del bien y del amor sobre el mal, pero también puede leerse en clave geopolítica, porque el palacio es alemán y hasta él llegan delegaciones de Italia, Hungría, Polonia, Rusia y España. A nivel artístico, es el ballet que está por encima de todos, es absolutamente sublime, es perfecto… Siempre hay un mal que nos controla, que nos domina, como a estas chicas que solo vuelven a ser ellas mismas de noche, cuando el oscuro mago Von Rothbart baja la guardia de su hechizo, y solo el amor verdadero, la verdad, puede salvarnos, como a ellas. Muchos Von Rothbart nos vienen con sus mentiras, pero el amor verdadero siempre triunfa, porque la gente que viene a contarnos mentiras solo tiene una influencia temporal, ya que la verdad termina saliendo a la luz, antes o después. Creo que la verdad existe. Yo, por ejemplo, he tenido muchos problemas a lo largo de mi vida profesional, pero con la verdad y el amor absoluto por delante nos eligen siempre como la mejor opción, por el ingrediente de lo bueno y de la autenticidad.

Ahora hay unanimidad en alabar El lago de los cisnes, pero a Tchaikovsky le costó en su momento un gran disgusto, ¿verdad?

Sí, su estreno en el Teatro Bolshói de Moscú el 4 de marzo de 1877 fue un auténtico fracaso: Tchaikovsky quedó horrorizado, porque quiso innovar, pero era muy moderno para su época, que prefería balés más conservadores, mientras que su música es vida, un deseo de reflejar la belleza de todo lo que nos rodea, su grandiosidad, etc. Solo años después, con el reestreno el 27 de enero de 1895 bajo la dirección de los Teatros Imperiales de San Petersburgo y el enfoque del coreógrafo francés afincado en Moscú Marius Petipa, El lago de los cisnes fue reconocido como se merecía, pero Tchaikovsy había fallecido el 6 de noviembre de 1893 creyendo que su pieza había sido un desastre. Son las ironías del arte y de la genialidad.

¿Cómo lograron los escenógrafos y coreógrafos ese cambio?

Petipa se apoyó en el coreógrafo de los Teatros Imperiales, Lev Ivanov, que fijó tal y como lo conocemos hoy el “Acto blanco” de la “Primera parte”, donde se conocen el príncipe Sigfrido y la joven reina Odette., con la intención de restituirle el valor a la partitura de Tchaikovsky de forma póstuma y a partir de ese momento comienza la vida triunfal de El lago de los cisnes.