Sólo a Pedro Sánchez, que todavía se siente impune a pesar del aluvión de casos de corrupción que le aplasta, se le puede ocurrir encargar a un asesor personal elaborar una investigación sobre las cuentas de su partido. Nada más conocerse el informe de la UCO que desveló las mordidas de Santos Cerdán, el presidente anunció en una rueda de prensa “urgente” que iba a “poner en marcha una auditoría externa sobre las cuentas del Partido Socialista”. Pero la auditoría externa era, en realidad, una “autoauditoria”, pues, además de Alberto Vega, candidato de Podemos al CGPJ, el autor del informe es César Martínez Sánchez que trabajó en Moncloa como vocal asesor, primero, y jefe de gabinete después, en la Secretaría General de Asuntos Económicos del Gabinete de la Presidencia del Gobierno; esto es, en la Oficina económica del presidente.
Este mismo martes, el PSOE informó que la auditoría del partido ha concluido que en el tiempo analizado, entre 2017 y 2024, los socialistas tuvieron un sistema de caja “coherente, cerrado y verificable” y naturalmente descarta que se hubiera producido algún tipo de financiación irregular. Los socialistas han celebrado el resultado de la auditoría que, según ellos, demuestra que el PSOE no es como el PP.
Como era más que previsible, el abnegado y astuto analista sanchista no ha encontrado el menor indicio de que el PSOE hubiera cometido la osadía de financiarse irregularmente. ¿A quién se le ocurre sospechar tal cosa? ¿Quién puede creer que Ábalos y Cerdán, los dos últimos secretarios de Organización del partido, podían ser capaces de amasar “chistorras”, de mangonear con el dinero que entraba y salía de Ferraz sin dejar huella, de cometer irregularidades? Sólo a la “fachosfera” política y mediática; sólo al PP y al Tribunal Supremo que ha abierto una pieza separada sobre este delito en el marco del caso PSOE por la ingente cantidad de indicios sobre la posible financiación irregular del partido.
Y así, con una impúdica autoauditoria de su partido, Pedro Sánchez concluye 2025, el año en el que se desmoronó políticamente acosado por el aluvión de los casos de corrupción de su partido, su Gobierno y su familia, además de estar rodeado por manadas de acosadores sexuales de su entorno. Pero el presidente no tiene reparos en intentar salir del atolladero acusando a los jueces de inventarse instrucciones y, eso sí, demostrando a todos que su partido está más limpio que una patena. No como el PP. Y la gran prueba de su inocencia se basa en el informe elaborado por un subordinado, por un asesor personal que trabajó años a su lado. Lo que él llama “una auditoría externa e independiente”. Y después de este riguroso informe, el presidente, henchido de gozo, está dispuesto a seguir un año más como si el cataclismo político, parlamentario y personal le fuera ajeno; un año más, dando lecciones de “tolerancia cero” con la corrupción y el machismo.