Opinión

La guerra

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Jueves 01 de enero de 2026

Acabo de ver, una vez mas, la película 'Senderos de gloria', del gran Stanley Kubrick. Perfecta, como todas las suyas.

La película tuvo grandes dificultades de difusión pues las conclusiones que el espectador pedia deducir del argumento, personajes y situaciones, chocaban con estamentos políticos y militares.

Y para evitar que su película fuese silenciada, Kubrick aducía, contra toda evidencia, esta inocente defensa, que tergiversa causa y efecto: “La película no transmite mensaje alguno. En ningún caso es una película que vaya en contra ni a favor del ejercito. Como máximo es una película contra la guerra, que puede llevar a los hombres a semejantes conflictos de conciencia”.

Como si la guerra fuese un ente o una epidemia que, apareciendo por generación espontánea, impulsase a los hombres a cometer atrocidades.

Pero no, amigo Stanley, nos muestras en tu película, sin la menor ambigüedad, la situación de pacíficos ciudadanos, en la guerra de 1914, la mas estúpida de las guerras, si es que hay alguna que no lo sea, viviendo como ratas, en las trincheras, durante meses, sino años. Ciudadanos entregados por el estamento político al militar, para ser convertidos en soldados y utilizados como piezas de un ajedrez macabro.

Y nos muestras al estamento militar, en elegantes y confortables palacios, haciendo su carrera, en busca de prestigio, ascensos y medallas. Carrera para cuyo éxito no dudan en sacrificar, frívolamente, la vida de sus soldados, en aventuradas operaciones a bayoneta calada, en las que tienen que sacar, si pueden, las tripas de otros pobres soldados como ellos, para evitar que estos les saquen las suyas.

Todo para conquistar o defender puñaditos de tierra. Eterno “entretenimiento” que es una alegoría de la historia de Europa.

Nos muestras el artero politiqueo de los mandos. Un alto jefe, excita la ambición y soberbia de otro de menor grado y le incita a sacar a esas tropas a la conquista de otra trinchera enemiga, situada a pocos metros.

Y lo hace, aun en contra de la opinion del capitán al mando de los soldados en la trinchera, que considera que ese asalto, sin apoyo de la artillería, está condenado a ser un fracaso y una carnicería en las tropas propias.

Y ocurre esto. Y asistimos: A un concienzudo lavado de manos del alto jefe, a una exculpación total del de menor grado y a una condena de la tropa, por cobardía. Y tres soldados son fusilados como “ejemplo” y advertencia a los demás.

La película de Kubrick denuncia, aunque el lo niegue, al estamento militar moviendo fichas humanas en su macabro tablero y no vemos, aunque intuimos el del estamento político.

Quizá lo haya hecho en otra película o no le quedaron ganas de hacerlo a la vista del recibimiento de esta.

Pero ya no hace falta, amigo Stanley.

Ahora podemos ver, en el Telediario, mientras comemos o cenamos, como juegan, los políticos y militares de hoy, a sus videojuegos, lanzando bombas y drones, no contra los soldados atrincherados, sino contra los niños que van al colegio o contra los enfermos o heridos que buscan, en los hospitales una atención que ya no existe o contra la gente que huye despavorida, de sus casas destruidas o contra los que hacen colas masivas en puestos de socorro humanitario.

Hoy podemos verlos y oírlos a todos, en directo, alardeando del dinero que nos van a quitar para gastos militares, con los que demostrar, al vecino, que ellos la tienen mas larga.