El único camino democrático que se abre ante la Venezuela actual, tan destrozada, son las elecciones generales. Y que el pueblo decida.
Naturalmente que el presidente de los Estados Unidos de América tiene cartas decisivas que jugar. Ha coronado una operación militarmente impecable y, a pesar de los matices jurídicos, Donald Trump ha decidido ordenar el futuro de Venezuela y normalizar el caos en el que la nación hispanoamericana se encuentra sumergida. Tras un dictador atroz que perdió las elecciones y decidió quedarse en el poder; tras un delincuente como Maduro que se dedicó a extorsionar al pueblo de Estados Unidos; en medio de una situación crítica, con el pueblo atenazado por decisiones políticas parasitarias, azotada además por la incertidumbre y el desencanto, Venezuela derivará ahora, en pocos días, al sometimiento del control de los Estados Unidos de América. La nación norteamericana está dispuesta a robustecer al país venezolano y a dotarlo de las estructuras necesarias que garanticen un futuro de estabilidad, prosperidad y progreso.
Toda “la política progre” del mundo fustigará a Estados Unidos y se esforzará por crear una zona agobiante en Venezuela. Pero Donald Trump, que posee muchos e importantes defectos, nada tiene que ver con el Biden decadente. Ha demostrado que Estados Unidos sigue siendo, y a gran distancia, a inmensa distancia, la primera potencia militar del mundo. Pelea ahora seriamente por recuperar la dignidad y la imagen de su nación, al margen de ciertos aspavientos personales y de algunas declaraciones energuménicas. Donald Trump irá recuperando el sentido de la medida y en todo caso no se podrá hacer política seria en el mundo sin contar con él.
No voy a entrar en el concepto que me merece su decisión de dirigir Venezuela durante algún tiempo. Tengo la esperanza de que no se recree en la suerte y que, en cuanto sea posible, acepte que se convoquen en Venezuela elecciones generales libres. Al pueblo venezolano, a las mujeres y a los hombres de Venezuela, les corresponde con su voto garantizar la estabilidad y el gobierno del país. Si fuera así, la operación completísima a la que se ha lanzado Donald Trump se cerraría con éxito. En otro caso resultará difícil entender el futuro de Venezuela con su democracia comprometida.