Los Lunes de El Imparcial

Joyce Carol Oates: El señor Fox

Novela

Domingo 04 de enero de 2026

Traducción de Ismael Belda Sanchís. Alfaguara. Barcelona, 2025. 720 páginas. 26,90 €. Libro electrónico: 11,99 €. La escritora norteamericana vuelve a regalarnos una potente y adictiva novela, centrada en el horror de pederastia… y mucho más

Por Rafael Fuentes



“En las relaciones humanas, quién puede predecir nada”, leemos en El señor Fox, la última novela de Joyce Carol Oates ((Lockport, Nueva York, 1938). La eterna candidata al Premio Nobel de Literatura, que, sin duda, merece, publica prácticamente una nueva obra cada año hasta contar en su haber con una de las producciones más exigentes e inquietantes de las letras actuales. Así, en Carnicero, Niágara, Babysitter, Desmembrado, entre muchos otros títulos. Porque serán precisamente las relaciones humanas, siempre imprevisibles y complejas, su núcleo, con una visión nada tranquilizadora del ser humano, en el que más allá de las máscaras, laten los impulsos más oscuros y turbios: “Francis Harlan Fox tenía la apariencia de un soltero glamuroso”.

Frank Farrell que cambia su nombre por el de Francis Harlan Fox, protagonista de esta novela de la escritora norteamericana, consigue que todos queden rendidos a sus pies “seducidos por su inteligencia, sentido del humor y facilidad para la conversación, así como por la adulación hábilmente mantenida en su presencia como un malabarista mantiene en el aire media docenas de pelotas a un tiempo”.

Pero Fox es un malabarista del mal, un zorro sibilino que despliega sus encantos para satisfacer su único propósito: abusar de niñas preadolescentes, a las que llama “pequeñas gatitas’, y con las que “juega’ -Carol Joyce Oates no ahorra espeluznantes descripciones- convirtiéndose en el señor Lengua, en el Osete de Peluche, tras convocarlas a su despacho después de las clases, donde cierra la puerta a cal y canto.

A sus víctimas les da tartaletas, con suaves somníferos, y lo que es más siniestro, si cabe, las manipula hasta lograr que se “enamoren” de él y le profesen una devoción sin límites, haciéndolas sentir como únicas: “Nunca hubo un tiempo en que yo no estuviese enamorada del señor Fox. Nunca hubo un tiempo en que el señor Fox no fuese mi vida. Porque antes de que el señor Fox entrase en mi vida, nuestras almas se conocían en el tiempo anterior, donde no hay tiempo […] En el tiempo anterior somos niños y estamos juntos, no hay «edad» que nos separe. Esto me lo explicó el señor Fox. Y dijo: Cariño mío, nunca habrá un tiempo en el que nuestras almas no estén unidas. Y dijo: Nuestro juramento (secreto) será que moriremos el uno por el otro si así se nos requiere. Nunca revelaremos nuestro secreto, moriremos juntos & nuestro secreto morirá con nosotros. Me lo explicó solo a mí el señor Fox”, escribe una de sus víctimas.

Para que le resulten más fáciles sus terroríficas andanzas, Fox es profesor en enseñanza secundaria en selectos colegios, donde nadie parece darse cuenta de su verdadera naturaleza de pederasta, que ha creado una página web de pornografía infantil, las Bellas Durmientes, que tiene un sinfín de seguidores. Tras pasar por varios centros, recala en la elitista Academia Langhorne ubicada en Wieland, al sur de New Jersey. Su directora al principio recela del aspirante a la plaza docente, pero pronto cae en su hechizo, igual que su sobrina y la bibliotecaria, a la que le vende que son “almas gemelas”. Naturalmente a Fox le repugnan las mujeres y se resiste a cualquier relación con ellas. Solo se las va trabajando para tenerlas de su parte y acallar todo posible rumor.

Fox odia Lolita, de Nakokov, pero le fascinan los cuadros de Balthus representando a jovencitas apenas adolescentes en insinuantes posiciones, y, sobre todo la historia de Edgar Allan Poe con su bella y desahuciada prima Virginia Clemm, con la que se casó cuando tenía trece años y él veintisiete. En su despacho tiene un gran busto de bronce de Poe, en cuyo hombro hay un cuervo, que tendrá un papel decisivo en la novela.

Un día, aparece un coche medio hundido en el agua, que se ha despeñado por un barranco, y un cadáver irreconocible, después de haber sido pasto de carroñeros. Resulta que el vehículo pertenece a Fox, que ha desparecido. Comienza una investigación a cargo del inspector Horace Zwender y se abren las hipótesis: ¿el cadáver será el del señor Fox? y habrá sido ¿accidente?, ¿suicidio?, ¿asesinato?

Joyce Carol Oates traza un implacable retrato del depredador señor Fox, y puebla también la novela de otros logradísimos personajes, como, entre otros, el propio Zwender, Demetrius, Mary Ann Heal y Eunice -atención al nombre-, dos de las adolescentes, en un rico caleidoscopio de perspectivas y registros.

En El señor Fox, Carol Joyce Oates nos sirve una novela adictiva, de potente trama, e impactante desenlace, en la que subyacen decisivas y perturbadoras cuestiones éticas en un mundo “extraño el de hoy día”, como ¿sabemos reaccionar frente al mal o lo ocultamos?, y quizá no deja de dar una vuelta de tuerca a la popular novela Fantastic Mr Fox, de Roald Dahl, llevada al cine por Wes Anderson, y su personaje, ladronzuelo, pero a la postre inofensivo y simpático.

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