Pedro Sánchez se ha mostrado en contra de la operación militar del Ejército norteamericano que ha capturado a Nicolás Maduro. El presidente español ha asegurado que “no reconocerá una intervención que viola el derecho internacional”. Sin embargo, se ha ofrecido para mediar en el conflicto y aportar “sus buenos oficios para lograr una solución pacífica”. Probablemente, está aterrado por si Trump y el mundo entero descubren los secretos de sus turbias relaciones y sus misteriosos negocios con el régimen chavista.
En su poema “Romero solo”, León Felipe escribió: “para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera menos un sepulturero". Nicolás Maduro no ha sido enterrado, pero sí capturado junto a su mujer por la unida de élite del Ejército norteamericano, Delta Force, en una quirúrgica operación relámpago en Caracas. Ha sido llevado a Estados Unidos, encarcelado en una prisión federal y va a ser juzgado por narcoterrorismo, por liderar el Cártel de los Soles que distribuye ingentes cantidades de cocaína por el mundo entero.
Nada más producirse el bombardeo del Ejército estadounidense en las bases militares venezolanas y la posterior captura del tirano, Pedro Sánchez escribió en sus redes sociales una oferta de intermediación. Pero el presidente español es como el sepulturero de León Felipe. Cualquiera sirve, cualquiera menos él, para mediar en el conflicto que acaba de estallar. Porque, salvo los dirigentes del régimen chavista, nadie se fía del líder español por sus turbias relaciones políticas y económicas con Nicolás Maduro y su Gobierno; para empezar con su vicepresidenta Delcy Rodríguez, hoy presidenta, que acompañada por el entonces ministro Ábalos, se paseó por el aeropuerto de Barajas con sus maletas sin saberse todavía qué contenían. Y Zapatero, maestro de conspiraciones del propio Sánchez, ha sido el embajador internacional más fiel del tirano recién atrapado.
Como decíamos en nuestro último editorial, el presidente norteamericano ha actuado como si fuera el emperador del mundo. Y en buena parte lo es como líder de la primera potencia militar del planeta. Por eso, nunca permitirá que Sánchez intervenga, pues lo haría como “el sepulturero” de la democracia venezolana. Más bien, está en el punto de mira de los Estados Unidos por apoyar al tirano y por sus misteriosos negocios con el chavismo.