Beatriz Reyes Nevares | Lunes 15 de diciembre de 2008
En la casona de las Lomas tan llena de recuerdos a la que llegaron hace cincuenta y cuatro años y donde también se veló al Gral. Lázaro Cárdenas del Río –sin duda ninguna el mejor Presidente de México- estamos con Cuauhtémoc y con Celeste, ya es tarde las salas están llenas no cabe un alfiler.
Aquí estuvieron hace unas horas el Presidente de México Felipe Calderón y Margarita al rato solo llegó Fernando Gómez Mont, quien se expresó con gran respeto hacia doña Amalia.
Después como si fuese una obra teatral de George Feydeau o de los Álvarez Quintero en el jardín entre los cientos de arreglos florales y coronas entran y salen intelectuales, políticos y forman pequeños grupos móviles en mano, hacen ajustes de agendas y hay cuchicheos. Están los verdaderos amigos, los leales los de siempre consternado el Ing. Buenrostro, Carlos Mandujano fiel y cercano como siempre a Cuauhtémoc desde hace más de cuarenta años.
Está Ifigenia Martínez, está Manuel Camacho, Dante Delgado del partido Convergencia conserva su estilo de político bien educado, Francisco Cano Escalante. Al rato como si se hubiesen puesto de acuerdo Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Guadalupe Acosta Naranjo, al fondo del jardín al extremo del jardín.
Llega otro protagonizando el show que es su costumbre tratando de saludar a todos, de ser el centro de atención que para su desgracia ya no tiene y que sin representatividad alguna todavía pretende ser el protagonista.
Lo recuerdo nítidamente en el maravilloso patio de la Secretaría de Educación Pública el 20 de marzo de 1985 en su mismo papel. Era en el funeral del gran político Jesús Reyes Heroles ¡será la ulteralidad o por ser camaleón los cambio de chaqueta!. Que lamentable y patético espectáculo desvergüenza total que por lo que se vio todos repudian, porque la mayoría como buenos políticos que leen temprano la prensa había leído un artículo insolente y quejumbroso en contra del Ing. Cárdenas. Aunque ninguno se asombró porque ya todos sabemos, su estilo …
Al fallecer doña Amalia desaparece para siempre el siglo 20, el México de la Revolución Mexicana, el México de las instituciones que como el Instituto Politécnico Nacional se crearon. El México de los treintas. El Gral. Lázaro Cárdenas del Río nacionalizó el petróleo. El México fuerte que no le tuvo miedo a los Estados Unidos, que le abrió los brazos a los españoles cuando la guerra civil. Doña Amalia fue un factor decisivo en una de las acciones más generosas al recibir a los 456 niños hambrientos de cariño que llegaron en junio de 1937 en el barco Mexique. Amparo Batanero, presidenta de la Asociación Niños de Morelia dice “nos quería mucho, nos tenía una deferencia muy especial”.
Paco González Aramburo nos platicaba cada vez que ibamos a Xalapa a mi marido y a mí el calor que sentían todas aquellas niñas y niños cuando llegaba la Sra, Solórzano de Cárdenas a la escuela en Morelia.
Ella fue una primera Dama, discreta e irreprochable, jamás usó ni pieles, ni joyas, ni vestidos de firma como otras que hemos padecido con su ostentación derroche insolente y en algún caso corrupción familiar todavía impune.
El año pasado en noviembre de 2007, España le otorgó la condecoración, una de las más importantes “La Gran Órden de Carlos III, más que merecida”.
No sólo los niños de Morelia que nos conmovieron tanto, sino los que nos llegaron, filosofos, como José Gaos, Joaquín Xirau; los profesores como Rubén Landa, Jesús Rebaque y Luis Castillo y la mestra Juana de Ontañón quién me enseñó en bachillerato a escribir, mención especial merece la mestra Valentina Rivero que con su dureza daba las mejores clases de matemáticas en el colegio Madrid: abogados como Recásens Sichez Niceto, Alcalá Zamora, Roberto Castrovido y su librería Góngora, Rafael de Pina Milán, y luego su hijo Rafael de Pina Vara.
Las escuelas como el instituo Luis Vives, la Academia Hispano Mexicana y el Colegio Madrid, fueron llegando Luis Buñuel y Luis Alcoriza por ejemplo, en el teatro Alvaro Custodia, director Magda Donato, Ángel Garasa, y la gran actriz Ofelia Guillmain, críticos inolvidables como Francisco Pina y Juan Tomás nuestro entrañable Juan Rejano, Miguel Prieto y después Vicente Rojo en los suplementos culturales.
La lista sería inacabable por los médicos, por los investigadores, los que fundaron laboratorios, y tantos tantos otros y los poetas entrañables como Pedro Garfias, León Felipe y Luis Cernuda.
Ni quiero ni puedo dejar de mencionar a la gran pintora Lucinda Urrusti, a Juan su hermano, pediatra extraordinario y a la espléndida y generosa amiga que ha sido siempre Teresa Miaja. Y en la televisión un Luis de Llano y el mejor periódista, el más completo, en la actualidad, Joaquín López Dóriga.
Cuánto le debemos los mexicanos al Gral. Cárdenas y a su esposa.
Cuánto creció México con los que nos llegaron.
Gracias a ellos.
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