Se conocen sobradas razones que esgrimir hacia uno mismo, hacia los demás, para convencerse de la insatisfacción que cada poco tiempo nos atenaza. No tienen que aparecer de un modo catártico ni trágico. Suceden de forma repentina pero silenciosa. De tanto en cuando nos vuelven temas que nos enseñan cuánta queja somos capaces de verter hacia lo que nos chirría o escapa de la comprensión limitada o ilusoriamente limitante. La fruta escarchada en los dulces, los discos de música-las películas-los libros elegidos como mejores del año, las parejas de relación abierta. Aunque podamos dar rienda suelta y explicarnos más airada o más tranquilamente sobre dichos ejemplos, por dentro se va formando igualmente un airón que rara vez se sosiega, sino que va a más y alimenta un runrún de consecuencias nada deseables.
Son los ejemplos anteriores más inocuos, en realidad, pero esa mala sensación que refiero la he visto reflejada de manera más que solvente en el primer libro de Álvaro Gálvez Medina, uno de los que he leído en este comienzo de año y con su retraso, pues fue editado hace dos. No sabéis vivir es un debut novelístico sólido y difícil de restar halagos. Una mezcla particular de realismo —más Carver que Bukowski, afortunadamente, cuando se hace mención a este término—, conresonancias en su primera persona de Easton Ellis, de Baroja, mencionado en la narración, incluso Grisham, tratándose del mundo de la abogacía en lo novelístico, por citar algunos que venían a la mente durante la lectura.
El argumento es sencillo: la vuelta a la ciudad natal tras la renuncia de un porvenir laboral igual de próspero que incierto —y suele ganar lo segundo— y el reencuentro con los escenarios amistoso, local y familiar que no hacen más que acrecentar el sabor de hiel a cada día que pasa. En alguna reseña se lo ha comparado con Taxi Driver y no desacierta, pero la escalada de violencia no ocupa tanto terreno como el simple desajuste vital que se produce con nuestro entorno más supuestamente susceptible de ser querido y de hacernos sentir protegidos. En absoluto. Para Gálvez Medina, los extremos de la realidad no te conducen más que a la incomprensión por lo complicado de manejar sus limitaciones. Si añadimos el enamoramiento, el desencanto de las amistades o la pérdida de los lazos familiares, la mecha queda prendida.
De todos modos, no debe llamar a engaño, no es una novela más sobre cómo debe encarar uno la ristra de crisis que han ido invalidando conceptos vitales tan asentados. Su limpidez narrativa y su negra ironía consiguen que No sabéis vivir presuma de una atemporalidad que puede deberse a años de trabajo empleados en su escritura y suerte editorial que permitiera su revelación.
‘No sé muy bien contra qué me rebelo. Se trata de un mal abstracto, indescifrable. Pero lo huelo y me revuelvo contra él. Siempre ha sido así. Diría que la ansiedad es vivir en un estado de alerta […]; la depresión, por su parte, es sentirte incapacitado y desesperanzado […] Ahora sé que ambas pueden darse conjuntamente’, dice hacia la mitad del libro. Las razones enfrentadas desaparecen y de uno queda el manojo de nervios listo para chamuscarse y al resto. Por si fuera poco, los equívocos y los rincones en sombra van ganando espacio según se encarrilan los malos acontecimientos. Entonces, ¿hay tiempo todavía para conseguir escapar? Contándolo, ¿removemos la duda? ¿Convencemos aunque ya no podamos fiarnos de lo que sabemos?