Opinión

Trump

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Lunes 12 de enero de 2026

Amigos. Son las trece horas del tres de Enero de 2026. Abro el ordenador para empezar a escribir este artículo sobre Trump, como tenía planeado y leo la noticia de que un comando de las tropas, que EE.UU. tiene frente a Venezuela, ha capturado al Presidente Maduro y a su mujer.

Noticia increible, de este increible personaje, que no modifica las ideas que tenía, en mis almacenes, para escribir sobre él. Si acaso las refuerza y las clarifica. Recientemente, he visto una serie sobre su vida, que es muy reveladora y ha sido el detonante de este escrito. Despues, para documentarme, he tratado de echar un vistazo a su biografía y la encuentro tan abigarrada y frondosa, que desisto.

Pero lo que he visto y leído me basta para darme cuenta de la dificultad de comprender la naturaleza de un personaje de tal precocidad, hiperactividad, seguridad en si mismo, impasibilidad y curioso afán por mantener su apariencia.

Y como seguimos viendo, en la actualidad, la impaciencia. No es capaz de esperar a ver materializados los deseos que imagina. La soberbia, no se le puede llevar la contraria. El valor. Acepta todos los retos que se le propongan. La amoralidad. No distingue entre el bien y el mal, Y siempre la obsesión de imitar la dureza de su padre.

Características, algunas de ellas que, me temo, estén catalogadas en algún capítulo de psicología,

Su primer gran proyecto, la transformación del decrépito Commodore Hotel en el moderno Grand Hyatt New York, consiguiendo, de la alcaldía, una exención fiscal de cuarenta años, lo empezó cuando tenía 29.

Su gran rascacielos, la Trump Tower, situado en la Quinta Avenida, un icono de super lujo con residencias, oficinas y tiendas, convertido en un símbolo de status, en New York, lo empezó cuando tenía 32.

Despues, infinidad de proyectos que, como resumía The Washington Post, eran “una mezcla de fanfarronería, fracasos comerciales y verdadero éxito”. Pero su fanfarronería es una absoluta confianza en si mismo. Sus fracasos comerciales, lógicamente numerosos, a la vista de la inmensa cantidad de empeños que se propuso y que le produjeron, a veces, enormes problemas financieros, incurriendo en grandes deudas y perdidas Y los éxitos........En 2011 ya fue uno de los diez personajes vivos mas admirados, según una encuesta de USA Today y Gallup.

Y por fin, como no, se postuló para Presidente dejando, en sus intervenciones públicas, bien claras sus intenciones si llegaba a ser elegido: “Destacó que el sistema político de su país se encuentra, presuntamente, roto y que él y los Estados Unidos no tienen tiempo para ser políticamente correctos. Argumento sustentado en que el país ha perdido protagonismo y competitividad en el escenario global. Esto según declaraciones del propio empresario”. Claro como el agua.

Admiraba a Reagan, del que parece heredar su obsesión por recuperar la grandeza de EE.UU, que, según él, había perdido, Pero no tiene ni un átomo de su sutileza, su respeto a la democracia y su contagioso buen humor, que borraba el entrecejo de aquellos duros jerarcas sovieticos a los que convenció para derribar el muro de Berlin y emprender el camino de la democracia.

Trump, por el contrario, es un ser primitivo y tiene una visión medieval del mundo en el que ve, como en los negocios, depredadores y presas. Si no eres un depredador, eres una presa A la vista de los acontecimientos que están ocurriendo estos últimos meses, semanas, días y horas, a mi me queda claro como Trump concibe el nuevo orden mundial. Para el, las tres superpotencias, China, Rusia Y EE.UU no tienen intereses encontrados y pueden repartirse el mundo compitiendo pero sin entrar en colisión. El úrico punto de fricción podría ser Europa. Pero ya se ve que Trump abandona a Europa, a la que no entiende ni respeta, a su propia suerte. ¡Que nos pillen confesados!