Opinión

Quitarse el velo

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 14 de enero de 2026

Actualmente, en Irán no todo se reduce al velo, a los derechos humanos o a la homosexualidad. También hay hambre y falta de libertades, sobre todo para las mujeres, que son aspectos esenciales para eliminar la discriminación y lograr la igualdad de género. En Irán, como menciono, existe el problema de que España y gran parte de Europa muestran indiferencia, tibieza e incluso hipocresía por parte de los grupos izquierdistas. Es curioso; mientras las mujeres valientes de Irán se despojan del velo, otras ahora se esconden tras las cortinas para ocultar sus silencios cómplices. Es hora de cuestionarse: ¿Por qué tanto engaño frente a otra masacre? ¿Por qué los que apoyan a "Free Palestina" no exigen ahora "Free Irán"?

No está el horno para bollos. No olvidemos que el régimen de Irán es opaco y que los gobernantes del país están lidiando con protestas multitudinarias; sin embargo, esta vez hay un elemento nuevo en comparación con las insurrecciones pasadas. Hoy en día, los motivos de las protestas son, sobre todo, de carácter económico. El país se ha visto paralizado por las sanciones y por años de mala administración financiera y corrupción. Los precios se han disparado. La devaluación de la moneda ha socavado los ahorros. Se siente hambre. El desempleo es muy alto. La vida de gran parte de la población es cada vez más dura. Es la dictadura en su estado más puro. Es, sin duda, un régimen teocrático y autoritario en donde la violencia se retroalimenta de terror. De acuerdo con las últimas noticias, se habla de 650 muertos y alrededor de 10.000 detenidos en peligro de ser ejecutados.

Lo cierto es que el panorama mundial está girando en sentido inverso a las doctrinas totalitarias y eso dice mucho en favor de la libertad y en contra del libertinaje. Ahora bien, el precio resulta alto cuando la vida acorta ideales y la muerte se nutre de los de siempre, o sea, de los de abajo que, como es costumbre y hartos de estar hartos de malvivir, optan por romper las cadenas. Las calles se convierten en la tribuna de las honras, donde la vida juega a cara y cruz con las últimas voluntades y el único destino posible. No busquemos más allá de la esperanza mientras los organismos mundiales tejen telas de araña alrededor del enredo de sus obras. El silencio internacional no es por honrar a los muertos, ni a los violentados y perseguidos; lo es porque el sufrimiento del pueblo iraní no encaja en la agenda acuñada por quienes su eufemismo más abyecto impone el progresismo del “postureo” y esa fábula de “cuanto peor, mejor”. Es la distopía soñada por los coleccionistas del poder.

En Irán hay confusión informativa, pero hablar de muertos, sin importar de donde provengan, siempre nos acerca a la represión por parte de las autoridades y a la falta de libertad. La opresión de los gobernantes, una vez más, emplea la barbarie para ocultar su absolutismo. El pueblo se rebela ante lo injusto y resulta preocupante que este tipo de reacción popular se haga sentir en las calles justo cuando Donald Trump ha dado el primer golpe de efecto en Venezuela. Ahora cabe preguntarse: ¿casualidad o causalidad?

A mi juicio es un mal momento para que los dirigentes iraníes se enfrenten a un movimiento de masas. Irán está advertido por Trump de que Estados Unidos estaría “listo para la acción” si moría algún manifestante pacífico. El ejemplo de Venezuela se cierne ahora sobre el mundo de las crueles dictaduras y una pregunta sobrevuela: ¿será Irán el próximo objetivo de un presidente estadounidense envalentonado?

Por supuesto que todavía estamos a la espera de cómo se desenvuelven finalmente las cosas en Venezuela, dado que allí el sistema dictatorial no ha finalizado, solo se ha terminado con Maduro. Lo alarmante es que Trump no tiene miedo de emplear la fuerza militar para eliminar lo que no le agrada. La vida de los inocentes, con o sin justificación, no tiene precio en ninguna bolsa de valores; por eso la libertad de las naciones sometidas es el objetivo que respaldan las democracias. El mundo contemporáneo se enfrenta a la condición humana como una especie fallida que, repetidamente, revela su ineptitud para edificar un mundo mejor. A pesar de que para muchos esta solución ya no funciona, no existe otra alternativa más que insistir en la palabra antes que las armas.