Nada más lógico. Una vez que los acreedores se enteran de que Pedro Sánchez está pagando, se ponen en marcha. El encuentro de Oriol Junqueras con el presidente del Gobierno en el palacio de la Moncloa ha provocado una fulminante reacción del PNV. “Nosotros también. Nuestros escaños son tan necesarios como los de ERC. Así es que o pagas o apoyamos una moción de censura para derribarte”. Pedro Sánchez comprendió enseguida el alcance de la amenaza. Sabe que está en manos de aquellos partidos de Sumar que disponen de escaños y también del PNV, Junts, ERC y Bildu. Cualquiera de estos cuatro partidos puede provocar una moción de censura que termine con la plácida estancia de Pedro Sánchez, confortablemente sentado en la poltrona monclovita desde la que gobierna España.
Aitor Esteban, que se las sabe todas, le ha exigido la entrega de cinco competencias anteriormente aprobadas. Conseguido su objetivo, amenaza a Sánchez con reclamarle otras quince más. Cedida incluso la seguridad social, el PNV reclamará, entre otras cosas, un puerto y dos paradores nacionales. Pedro Sánchez regateará, pero cederá finalmente porque necesita los escaños del PNV para permanecer en el poder.
Así de sombría es la situación del PSOE sanchista. Cede en todo, poco a poco, con la esperanza de agotar la legislatura y que las elecciones generales no se celebren hasta bien entrado el año 2027. Entretanto, los expertos sanchistas en materia electoral, modifican el censo y planean, en última instancia, una avería constitucional. Todo antes que abandonar el poder porque, como he escrito en más de una ocasión, Pedro Sánchez sabe que, de perder, no le aguarda la jefatura de la oposición sino el banquillo de los acusados.