Tres meses después. El mismo espacio, pero más enriquecido. Elementos escenográficos de Nieva en el fondo. Delante de ellos dos hermosos sofás blancos y en los extremos dos orejones. La larga mesa de roble que había cerca del proscenio se alarga con otra mesa, ambas están festoneadas de platos, cubiertos, servilletas y copas, cada una tiene un centro floral en donde predominan preciosas rosas, y en total las ocupan seis comensales a cada lado y otros dos en los extremos. Las catorce sillas están tapizadas con azul borbónico. Los distintos espacios del loft ( cocina, dormitorio con literas ) se separan con cortinajes de púrpura. Nieva se encuentra en el extremo izquierdo con bello traje y pajarita y el general Manuel Cortés en el derecho. Antes de comenzar el banquete la gente pide jubilosa que hable Paco Nieva, y éste se levanta.
F. Nieva.- Queridos amigos, me siento inmensamente feliz al haber reunido a los amigos varones que más quiero. Algunos de vosotros, como Claudio Rodríguez y Antonio López, me preguntaron si podían traer a sus prójimas a la comida, puesto que también son amigas mías queridas, y les dije que no, porque otros, como Antonio Gala y César Manrique, me insinuaron que las conversaciones se refrenan un poco y son un poco menos libres cuando están las esposas delante. Así que he decidido que brille por completo la libertad de expresión. No obstante, creo que a ellas, a vuestras prójimas les puede pasar lo mismo, que las cortáis mucho también vosotros. Así que he decidido, como el escenógrafo mejor pagado de España, gracias entre otros, a José Luis Alonso, aquí presente, y a mis clases en la RESAD, invitar solas a vuestras mujeres en otro banquete como éste para la próxima semana. Para que también triunfe con ellas una libertad de expresión total.
Fernando Higueras.- Cuidado con lo que haces, Paco.
F. Nieva.- Eso sólo es asunto mío y de ellas, querido Fernando. Siento, no obstante, que falta algún amigo mío de los más viejos que no está conscientemente invitado, y no lo está porque no soporto la envidia, ni la mezquindad congénita, sobre todo cuando nos vamos a disponer a comer ricos manjares y a beber los mejores vinos de mi patria chica, y quiere uno tener una buena digestión.
Carlos Bousoño.- Conocemos al poetastro.
F. Nieva.- No es verdad, Carlos. Es un buen poeta, pero un amigastro. Pues bien, os he invitado a vosotros, mis queridos amigos, para deciros dos cosas; en primer lugar, que ya no tengo ninguna deuda de dinero que pagar - de otros tipos de deudas estoy seguro que moriré sin pagarlas convenientemente -, que soy ya casi rico gracias a lo que se me debía a mí por mis trabajos desde hace mucho tiempo, demasiado tiempo, y, en segundo lugar, y lo más importante, os comunico algo que sólo se puede decir a los amigos más leales: a partir de ahora dedicaré la mayor parte de mi tiempo a escribir teatro.
José Hierro.- Pero querido Paco, si haces el teatro que hasta ahora has publicado no te lo representarán nunca hasta que muera el Invicto. O si no, pregúntale a José Luis.
Claudio Rodríguez.- (que se encuentra ebrio, y bebe de un trago su copa) ¡Siempre por el entusiasmo báquico!
J. M. de Areilza.- Siempre, querido Claudio. Me consta, no obstante, Pepe, que el Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, está luchando por abrir un poco el régimen a la libertad de expresión, propia de un país occidental, y lo seguirá haciendo si no lo derriba el sector más ultra que influye en Franco, quien, por otra parte, ya empieza a tener una salud endeble, y nadie es eterno. Por lo que he leído de tu teatro, querido Paco, España espera anhelosa poder ver y oír esos gritos de belleza libre y buen gusto.
F. Nieva.- Gracias, querido conde. Y me siento para que empecéis todos a comer y a beber, como ya nuestro divino Claudio hace. La comida no está reñida con la conversación, y no debe enfriarse. Los años que queden de censura me darán la oportunidad de seguir escribiendo obras de teatro, y corrigiendo las ya hechas. Y si un día la libertad llega a España, espero llenar la escena de abundantes obras.
Claudio Rodríguez.- (ebrio) Si me ocurre algo por apurar esta copa, cedo todas mis posesiones a Dioniso (y bebe de un trago el vaso de vino).
José Luis Alonso.- Salud, Claudio. Yo, que era al principio muy renuente a que se representase el teatro de Paco, cambié de opinión cuando Vicente Aleixandre me dijo que no sólo era representable, sino que las obras, genuinamente españolas, son una delicia literaria y estética.
F. Nieva.- Vicente es un amado incondicional. Me topaba con él en el tranvía cuando yo tenía dieciocho años. Era el tranvía número 35, que subía y bajaba desde la Glorieta de Gaztambide hasta la de Cuatro Caminos. Después de veinte años nos reencontramos y entre nosotros ha surgido un amor “sufí”, primorosamente decantado. En la actualidad está escribiendo una serie de poemas dialógicos que él llama “del conocimiento”, y me ha prometido que el último poema, que se titula “Quien baila se consuma”, está hecho para mí y pensando en mí. Espero poder leerlo pronto.
Luis María Anson.- Qué suerte tienes, Paco, de tener esos amigos gigantes, que te hacen tales honores. Yo subrayo lo dicho por José María de Areilza. Con lenguaje epifánico, típico de himnos y tragedias, Paco derramará en nuestra escena la libertad y las libertades que el pueblo español más culto espera. Todo lo que en el mundo real es valioso, importante y lleno de autoridad y pose mayestática, será trasladado por Nieva a su contrario en el escenario, para que caiga en el ridículo. Con Paco hasta el mismo Dioniso, de quien es tan devoto el gran Claudio, aparecerá como un pretendiente que rivalice con Afrodita por el amor de Adonis.
Nieva. Gracias, Luis. Siempre tan sutil e inteligente.
Manuel Cortés.- Yo, sin embargo, creo, amigo Paco, que cometes el error de adelantarte a tu suerte como escritor de teatro. Ya te lo dije ayer. Lo más natural en España es minimizar cuanto es posible al prójimo, si no lo impone un éxito espectacular e incontestable. En ambientes un tanto mezquinos, como son los ambientes intelectuales españoles, hay que entrar venciendo y por sorpresa o, de lo contrario, te pueden hacer la vida amarga como pretendiente. Esta comida tendría más sentido tras un triunfo tuyo arrollador como dramaturgo. Pocos dramaturgos actuales querrán que triunfes, con excepción de nuestro amigo Antonio Gala, que es buen amigo. La mayor parte de tus conocidos te han encasillado ya como un genial escenógrafo y figurinista, y te pasará lo que a Marañón cuando des el paso a la dramaturgia que, por otro lado, sería una cosa muy lógica en tu carrera.
Francisco Brines.- ¿Qué le pasó a don Gregorio?
Manuel Cortés.- Pues que los historiadores más famosos decían que era un gran médico psiquiatra, y los psiquiatras más reputados que era un gran historiador.
Francisco Brines.- Ya. España. Una tierra preparada como vivero de misántropos.
Claudio Rodríguez.- (ebrio y tomando la copa) ¡Vino o exudación de la fuente Bromíade! (y la bebe de un trago).
Todos.- ¡Salud!
F. Nieva.- ¡Salud siempre, divino amigo Claudio!
(Oscuro)